Rincones perdidos en la memoria

Los Jardines de Iparralde, sosiego donde había celebración

03.01.2021 | 00:53
Estampa de los Jardines de Iparralde envuelta en el frío invierno.

Allí, en lo que hoy son los Jardines de Iparralde, se invocaba a la alegría sin disimulo. Estuvo asentada la Cervecera del Norte, a orillas de Basurto. Hoy un ambulatorio, un espacio natural y un parque infantil dan vida a la zona

SUBAMOS a ese artefacto propio de la ciencia ficción que conocemos como máquina de tiempo para entrar en esta historia que habla de un Bilbao de celebraciones, hoy que estamos condenados, si es que se puede decir así, al sosiego con cadenas por la pandemia que nos rodea. Dan ganas de invocar al espíritu de J. R. Tolkien pero vamos camino de medio siglo en su ausencia y no es plan de que el hombre reaparezca para hablarnos de los hobits, la Tierra Media, Bilbo Bolson y el Señor de los Anillos entre otras creaciones . Me van a disculpar pero habrán de conformarse con un relato mucho menos ingenioso pero que sí evocará aquel que fue un mundo de fábula.

Fue una de las empresas pioneras de la villa de Bilbao en el ámbito cervecero, y la última de todas ellas que perduró en la ciudad. La Cervecera del Norte comenzó su andadura empresarial el 2 de marzo de 1912 y fue inscrita en el Registro de marcas comerciales como Compañía Anónima, Cooperativa Popular La Cervecera del Norte, constando en dicha solicitud su primer domicilio en la calle Hurtado de Amézaga, núm. 12. Su objeto era la fabricación de cerveza, hielo y malta, un triunvirato con más atractivo que el Cary Grant de la época, fuese quien fuese.

Aquella iniciativa industrial estuvo liderada por un grupo de empresarios vizcainos de la zona del Duranguesado y de Bilbao. Entre ellos destaca el que fuera su primer presidente, Baltasar de Amézola y Aspizúa, hijo de un notable de la sociedad vizcaina vinculado a las minas y al ferrocarril, José de Amézola y Viriga y de Catalina Aspizúa. Baltasar fue un destacado miembro del Partido Nacionalista Vasco y amigo personal de Sabino Arana, siendo elegido diputado provincial por Bilbao en las elecciones de marzo de 1911; además fue directivo del Athletic y habitual de los clubes y sociedades deportivas de Bizkaia. Le acompañaban en el Consejo de Administración Antonio de Arguinzoniz Olalde como vicepresidente, Federico Belausteguigoitia y Landaluce (vinculado también al PNV) como secretario, y Ramón de Echevarría, Luis Govillar, Manuel de Allende y Alejandro Deprit y Laca como vocales, siendo director-gerente Isidoro Alcorta. El capital inicial de dicha compañía era de 300.000 pesetas, repartido en 6.000 acciones con un valor nominal de 500 pesetas cada una, capital que fue ampliado a 1.000.000 de pesetas ese mismo año. Al año siguiente entraron en el Consejo de Administración como vocales Pedro de Santiesteban, Román de Astorqui y Teófilo Valentín de Amézola, hermano del Presidente. Nombrados quedan los protagonistas.

Digamos que el Ayuntamiento de Bilbao concedió permiso ese año de 1912 a Baltasar de Amézola, como Presidente del Consejo de Administración de dicha empresa, para construir un edificio destinado a fábrica de cerveza, otro para oficinas y otro de almacenes en el barrio de Basurto. El solar sobre el que se edificaría ocupaba una superficie de 300.000 pies; las obras comenzarían en septiembre de ese año y finalizarían un año después.

Aquel complejo fabril cervecero proyectado, firmado por el arquitecto José María de Basterra, aunaba espacios productivos y un despacho de venta al público. Se seguía el modelo europeo de esa época en el que los edificios industriales se rodeaban de espacios lúdicos, jardines y parques al aire libre, que sugerían un ambiente idílico y buscaban la promoción del consumo de cerveza en las horas de ocio.

La nueva sociedad industrial bilbaina comenzaba así a reclamar sus lugares de esparcimiento y los empresarios cerveceros del Botxo crearon edificios y pabellones que remitían con su cuidada estética a estas nuevas demandas. Esos edificios de la fábrica de Basurto trataban de emular la arquitectura cervecera centroeuropea, con tejados apuntados y fachadas que simulaban entramados de madera, detentando así un aspecto rústico, que podíamos considerar la nota común en la mayor parte de cerveceras europeas. En este caso, en sintonía con el estilo arquitectónico neovasco imperante en aquellos años, la búsqueda de ese efecto se hizo patente fundamentalmente en el edificio de oficinas y vivienda del director.

La Cervecera del Norte tuvo una larga y espumosa vida de más de siete décadas. En aquella fábrica nació la por entonces célebre cerveza Oro, bebida natural, como deducirán, de Basurto. En 1934, La Cervecera del Norte era ya la séptima cervecera española y Oro la cerveza de Bilbao abanderada por medio mundo. En 1964 la Cervecera del Norte comenzó a construir una fábrica en Valencia, todo un acontecimiento en la época que se grabó en un documental cinematográfico.

La historia empresarial de Cervecera del Norte sufrió diversos avatares, algunos propios de la propia historia, como los duros años vividos en la Guerra Civil, y otros, comunes a la economía de mercado. Pese a todo, la renovación y modernización de la fábrica de Basurto que le colocó en 1954 a la cabeza de las industrias cerveceras españolas, el capital social de 100 millones de pesetas de la empresa en 1961 o la flota de 200 camiones de abastecimiento de cerveza con los que contaba en 1968 son algunos datos que muestran el poderío de esta empresa bilbaina y de sus productos.

Oro estuvo ligada durante muchos años a la historia económica, social, cultural y deportiva de Bilbao: otorgó un frontón a la villa situado en los jardines de su fábrica, servía a domicilio en navidades, patrocinaba a deportistas y hasta pruebas ciclistas internacionales, durante las inundaciones del 83 repartió un cargamento de cerveza entre los voluntarios que limpiaban las calles.

En los años 80 la industria cervecera española sufrió una serie de cambios que condicionaron la pervivencia de las cerveceras locales. La concentración de las empresas cerveceras en grandes grupos hizo que en 1991 Unión Cervecera pasara a formar parte de Cruzcampo, que cerró la fábrica de Bilbao dos años después. Con el cierre de La Cervecera del Norte y su posterior demolición entre 1995 y 2003 para construir viviendas y un ambulatorio, desaparecía no sólo la última fábrica de cerveza del Botxo, sino también el último testimonio de arquitectura industrial cervecera de la villa. La espuma de las cervezas de varias generaciones.

noticias de deia