Rincones perdidos en la memoria

Las casas de La Cava, historia de dos palacetes gemelos en Bilbao

19.04.2020 | 00:32
Las casas de La Cava, allá en Avenida de las Universidades, se reflejan sobre la Ría. Foto: Pablo Viñas

Las casas de La Cava están situadas entre la Universidad de Deusto y el puente de La Salve, frente al Guggenheim. Nacieron en los tiempos de expansión de Altos Hornos y dieron cobijo a la beata Rafaela de Ybarra

LAS casas de La Cava son dos edificios casi idénticos, construidas en 1869, años fecundos. Eran los tiempos del auge de los Altos Hornos, a mediados del siglo XIX, cuando Bilbao se convirtió de repente en un polo de atracción con ofertas abundantes de trabajo y un creciente ritmo de la población.

En 1868, la reina Isabel II fue depuesta por un golpe de estado militar que dio paso a la primera Constitución democrática española (1869), al establecimiento de una monarquía democrática (1870-1873) y a la proclamación de la I República (1873). El 21 de octubre de 1868 se promulgó una nueva Ley de Ayuntamientos con la introducción del sufragio universal masculino, que supuso un avance en la democratización de los ayuntamientos. En Bilbao se inició con la elección de Félix Aguirre como primer alcalde democrático electo por sufragio universal masculino.

En 1869, el nuevo ayuntamiento democrático consiguió que el Gobierno central aprobara la expansión jurisdiccional de la Villa en detrimento de Abando y Begoña, primer eslabón para emprender un ensanche urbano dirigido desde el Ayuntamiento de Bilbao.

Fueron, además, tiempos convulsos. Este periodo estuvo sacudido por la II Guerra civil carlista (1872-1874), en la que de nuevo Bilbao fue sitiada desde diciembre de 1873. La resistencia al ataque de las tropas carlistas, durante la alcaldía de Felipe Uhagón, reafirmó su título de "Invicta". La liberación del sitio, por el general Concha, el 2 de mayo de 1874, se convirtió en un referente de la visión liberal de la ciudad.

Buscando un sitio para vivir más sosegado, Gabriel Ybarra y su yerno José Vilallonga, marido de Rafaela de Ybarra, decidieron edificar estos palacetes en lo que entonces eran las afueras de la ciudad, a los que entraron a vivir en otoño de 1869. Gabriel, con sus esposa Rosario Arámbarri, y los tres hijos aún solteros, se instalaron en el de la derecha, mientras don José y Rafaela, con sus tres primeros hijos, ocuparon el de la izquierda.

Era un paraje inhabitado y agreste en la margen derecha de la ría del Nervión que, por no estar encauzada aún, extendía sus aguas libremente por sus orillas. La margen izquierda -también salvaje- pertenecía a la república de Abando.

Las casas resultaron casi gemelas, pero la de los Vilallonga tiene un saliente exterior un poco ochavado que le da elegancia y permite la ubicación adecuada del oratorio en la segunda planta. Está coronado por una cúpula que, en su tiempo, tenia las aristas cubiertas por tejas vidriadas de color verde. La escalera exterior que da acceso directo al salón principal de la casa le da un aspecto muy señorial. Se situaron en lo que entonces eran las afueras de la ciudad, en un paraje de huertos y cultivos, deshabitado de la margen derecha de una ría todavía sin encauzar como búsqueda de un lugar tranquilo en el que vivir.

Pocos años pudieron disfrutar de tan hermoso lugar, porque en el año 1873 estalló la segunda guerra carlista (la tercera para Bilbao) y las mujeres y los niños de muchas familias pudientes huyeron a Santander, donde tuvieron que permanecer tres años completos. Mientras tanto las tropas carlistas tomaron por asalto las dos casas, convirtiéndolas en su cuartel general.

En Santander, ya en 1875, falleció de manera inesperada Rosario Ybarra, hermana de Rafaela. Contaba solamente 28 años de edad y dejaba cinco hijos huérfanos. El mayor sólo tenía ocho años. La desgraciada madre, en su lecho de muerte, le pidió a Rafaela que cuidara de sus hijos, cosa que ésta cumplió durante toda su vida.

Rodeadas de amplios y hermosos jardines, siguen una arquitectura de reminiscencias barrocas. En el interior se puede disfrutar de trabajados detalles señoriales como el amplio vestíbulo con zócalo de madera oscura, iluminado por un delicada vidriera; el despacho del marido de Rafaela, que conserva muebles originales; o el salón para reuniones y fiestas que aún conserva dos consolas doradas y una sillería de estilo Luis XV.

La beata Rafaela Ybarra nació en el seno de una familia acomodada y católica, y promovió durante su vida numerosas actividades sociales para paliar las carencias asistenciales de la época, como la creación de la Maternidad de Bilbao. El 8 de diciembre de 1894, en un pequeño piso de Deusto, Rafaela Ybarra y tres jóvenes entusiastas se comprometieron a actuar como madres y educadoras de aquellas niñas y jóvenes. Ya que su misión se asemejaba a los Ángeles Custodios, tomó ese nombre para su nueva fundación, que en 2011 contaba con 35 casas repartidas por España y América.

El 2 de agosto de 1897 se puso la primera piedra del Colegio Ángeles Custodios de Zabalbide en Begoña, (también anexionada a Bilbao en 1925), para quedar inaugurado definitivamente el Colegio el 24 de marzo de 1899. Fue la primera Casa Madre de la Congregación de los Santos Ángeles Custodios, que sirvió de modelo a las que más tarde se levantaron. ?

Para que dieran continuidad a su obra, en 1927 ambas casas pasaron a manos de la Congregación de los Ángeles Custodios, de la que la beata bilbaina fue su fundadora. En ese mismo 1927 la señora doña Rosario Zubiría Ybarra, propietaria de la casa que fue de don Gabriel, donó este edificio a la Congregación de los Ángeles Custodios para que la dedicaran a su Obra. Les dejó además un legado pecuniario para este mismo fin. Con una parte de este legado se pudo comprar a la familia Vilallonga la casa donde había vivido Rafaela, y que era un verdadero tesoro para sus Religiosas. Así, en 1928, quedó establecida en ella la Curia General del instituto. Luego, ya en 1946, se le añadió a la Casa Colegio, por la parte cercana al monte, un edificio para capilla y como ampliación de lo ya existente. Se le colocó una imagen de Nuestra Señora del Rosario en la fachada –titular del Centro– en memoria y agradecimiento a la generosa donante.

En la actualidad la casa de la derecha se ha reconvertido en una residencia de estudiantes y la de la izquierda, la residencia de Rafaela Ybarra, se mantiene como casa museo. Tras sus muros aún se respira el que fuera el lema vital de Rafaela, ese Nunca os canséis de hacer el bien que tan a menudo repetía.