Mari Pau Domínguez: "Los hijos de la emigración nos sentimos muy catalanes"

07.01.2020 | 10:38
Además de escritora, Mari Pau Domínguez es colaboradora de la tertulia política de TVE ‘Las mañanas de La 1’.

La escritura es el formato que más cómodo le resulta para plasmar historias que le interesan, pero nunca deja de lado el mundo de la televisión, el medio en el que fue protagonista en los años 80 y 90. Ahora es colaboradora del programa Las mañanas de La 1 y dice que le gustan mucho las plataformas, una forma de ver televisión que le permite digerir de golpe hasta diez capítulos de una serie cuando se engancha. A La nostalgia del limonero llegó a través de su historia familiar y de unas poco afortunadas palabras de Oriol Junqueras que hirieron a muchos catalanes.

Hable de este libro con un título tan hermoso, La nostalgia del limonero.

Es la historia de mucha gente, sobre todo gente de Andalucía, que acabó en Cataluña. Era como ir al paraíso, porque en Cataluña había trabajo. Esas personas que llegaban desde otros puntos del país eran una mano de obra muy barata, justo lo que se necesitaba allí para afianzar el proceso de industrialización. Yo soy hija de esa inmigración, y eso te hace ver la vida de otra manera distinta.

¿Está dividida entre dos mundos?

No sé si podría decir en mi caso que estaba dividida entre dos mundos, porque nací en Cataluña y siempre me he sentido catalana. Quizá más divididas podían sentirse las personas que dejaron atrás su tierra para ayudar a construir la Cataluña que tenemos hoy. La generación de personas que llegó desde sus pueblos a lo mejor estaba entre dos mundos, el que habían dejado y el que habían abrazado, que con el tiempo harían suyo.

Pero la gente que emigró no lo hizo exactamente con el deseo de construir Cataluña, sino huyendo del hambre y buscando una vida mejor. 

Es cierto, pero fue gente que ha contribuido a hacer zonas más ricas, como son Cataluña o el norte, el País Vasco. En el marco de ese emigrante transcurre La nostalgia del limonero. Hay una forma de analizar cómo se vive el desarraigo, el desamor, y en este libro hay dos aspectos que pueden interesar al lector: la búsqueda del amor perdido y también esa necesidad de restañar las heridas que vas sufriendo a lo largo de la vida. 

¿Restañar heridas significa saldar las cuentas pendientes con el pasado?

Exactamente. Lo importante es saber si necesitas saldar las cuentas que tienes con el pasado o seguir mirando hacia delante, no volver la vista atrás y pensar que lo pasado, pasado está.

Pues dicen que el pasado siempre vuelve...

En la novela hay un momento en el que una de las cuentas del pasado emerge con mucha fuerza e irrumpe entre la generación de la madre y la de la hija. Vuelve a ponerlas frente a frente.

¿Una historia autobiográfica?

No, qué va, no soy tan pretenciosa. Me había propuesto contar la historia de mis padres. Mi madre se pasó toda su vida diciendo: Deberías escribir una novela sobre nosotros. Y yo pensaba: ¿Pero, quién se cree que es mi madre? Esa historia no va a interesar a nadie. Pero un día me di cuenta de que estaba equivocada, ¡claro que interesaba! Interesaba porque a partir de la vida de mis padres podía contar la de miles y miles españoles que tuvieron que pasar de todo y por todo para poder comer, para poder vivir. Había que dar voz a esas personas que vivieron muchos momentos malos, y también buenos, y yo tenía esa posibilidad, así que aparqué la novela histórica y cogí el toro por los cuernos. 

La protagonista se llama Paz, Pau en catalán.

Sí, es verdad, pero lo que le ocurre a ella no es exactamente lo que yo he vivido, aunque sí que hay mucho de mí en ella.

Con La nostalgia del limonero ha vuelto a fechas más cercanas que en sus novelas anteriores.

Sí. La novela arranca en los años 50 del siglo XX y hay tres generaciones: abuelos, padres e hijos. Pero voy a decir una cosa: la novela histórica me ha dado muchas satisfacciones y con ella me siento comodísima. Encontré ahí un camino literario que me apasiona, pero llegó el momento de irme a mi tiempo y escribir esta novela sobre aquellos que llegaron a Cataluña y contribuyeron a su riqueza.

¿Era el momento por la situación actual de Cataluña o por la situación general?

Claramente por la situación en Cataluña. Creo que a estas persona que llegaron de fuera hay que tenerlas muy presentes. Fueron los artífices callados, anónimos, de la Cataluña que podemos disfrutar hoy. Esta historia arrancó un domingo que estaba viendo la televisión y escuchaba a Oriol Junqueras decir que un catalán tenía en común con un andaluz lo mismo que con un finlandés.

Y se le fundieron los cables, ¿no?

Me hirió profundamente. Mi madre me confesó días más tarde que había visto ese programa, que lloró, y lo tuvo que quitar. Me pareció muy injusto. ¡Cómo no va a tener nada en común un catalán con un andaluz! Hay una generación, que es la mía, que somos hijos de la emigración y nos sentimos catalanes hasta la médula. 

Cambiemos de tema. ¿Se puede vivir bien de los libros y de las tertulias?

¿Se puede vivir bien del periodismo? Supongo que habrá casos y casos. La crisis nos ha azotado a nosotros igual que al resto de sectores sociales. El periodismo cada vez está más complicado por muchas razones. ¿Vivir bien? Se hace lo que se puede, pero no es como antaño. Nada es como antes de la crisis.

Es colaboradora de Las mañanas de La 1, un programa claramente político. ¿Cómo ve la situación en estos momentos?

Es curioso, dependiendo de a quien escuches, el gobierno, si es que finalmente lo hay, será de un color o de otro. Yo estoy muy enfadada con los políticos actuales.

¿Porque no han hecho los deberes?

Claro, y me parece que por más lecciones que nos va dando la realidad, ellos no aprenden. Estas elecciones han sido un viaje que nos podíamos haber ahorrado. Desde hace unos años, los políticos, sean del signo que sean, están siendo muy irresponsables. Hay una cosa: cuando un pueblo vota?

¿Están en la obligación de llegar a acuerdos?

Exactamente. Es su trabajo, y si no eres capaz de gestionar el voto de la ciudadanía, vete. Es que nos podemos pasar repitiendo elecciones sine die. Les falta altura. 

Hay quien opina que los medios de comunicación, especialmente la televisión, tienen un gran poder de influencia en la deriva política que vivimos. 

Tiene el poder que han tenido siempre. Se ha llamado a la prensa el cuarto poder, pero lo que yo veo es que los medios están más polarizados que nunca. Es fácil identificar a un medio por una posición política u otra, y no me parece bien, porque al final, se obliga al periodista a decantarse políticamente. Es algo que no ocurre en ningún otro trabajo.

Quizá porque son trabajos que no crean opinión.

Ya, pero tú estás en una televisión para contar una historia, no para dar tu opinión política.

Bueno, en el caso de las tertulias políticas, parece que sí. ¿O no?

Se trata de analizar situaciones más que de opinar sobre ellas. Puedes llegar a unos resultados a través de un análisis que ni siquiera sean acordes con tu opinión política, pero es difícil ser objetivos. Informar tomando partido es un ejercicio peligroso.

¿Cómo ve la televisión en general?

En estos momentos está sufriendo un cambio muy importante. Cada vez hay más plataformas. Están cambiando los hábitos de ver la televisión, y la posibilidad de poder entrar a la hora que quieras en el contenido que quieras y desde donde quieras es un lujo, un gran avance sobre el que ya no hay retorno. El gran reto son las televisiones en abierto, donde seguimos trabajando los profesionales del medio, que tienen que adaptarse a los modelos nuevos que han llegado para quedarse. 

Hay quien dice que las plataformas no son cadenas de televisión, sino solo contenedores de ficción.

Podría considerarse así, pero esos contenidos te llegan a través de una pantalla que es un televisor y estás en tu casa.

También llegan a través del ordenador, de la tablet o del móvil, y no tiene por qué ser en casa.

Cierto, y también hay que decir que lo que nos llega no son programas informativos o de entretenimiento. Por eso decía que el gran reto es evitar que nos excluyan a los profesionales del trabajo televisivo.

¿Es usted consumidora de ficción?

Mucho, sobre todo de series. Creo que el mercado mundial en general ha elevado muchísimo el listón. Soy de las que se pueden meter en vena diez capítulos seguidos. No tengo mucho tiempo, pero el día que lo hago, me pego una batida increíble. Vamos, que no me levanto en horas del sofá. 

PERSONAL

Edad: 56 años.

Lugar de nacimiento: Sabadell (Barcelona).

Familia: Es la exmujer de Paco Lobatón y tiene una hija de dieciséis años.

Trayectoria: El Periódico de Cataluña y Diario 16 fueron los primeros medios en los que trabajó. Fue chica Hermida en Por la mañana. Ha trabajado en los informativos de TVE y Telemadrid y ha realizado programas de entrevistas.

Libros: Ha escrito El diamante de la reina, La casa de los siete pecados, Una diosa para el rey, La dos vidas del capitán, La corona maldita, y su último lanzamiento es La nostalgia del limonero.