Paradojas tecnológicas del asalto al Capitolio

28.11.2021 | 00:27
Paradojas tecnológicas del asalto al Capitolio

CON la COVID-19, otros sucesos históricos del año, se nos han quedado un poco en el tintero. Y, antes de finalizar otro histórico año, conviene echar la mirada atrás a uno de los más sorprendentes. El pasado 6 de enero se produjo el asalto al Capitolio de los Estados Unidos por parte de una serie de partidarios del por entonces presidente Donald Trump. Se saltaron todas las normas de seguridad y convivencia básica, y ocuparon durante horas el singular edificio de la democracia norteamericana. Se produjo en medio de una sesión que buscaba confirmar la victoria de Joe Biden como ganador de las elecciones celebradas en 2020.

Más allá de la dimensión política y social del suceso (pese a la pandemia, corrieron ríos de tinta), un hecho muy relevante asociado se desarrolló en clave tecnológica. El poder y la relación con las empresas tecnológicas del gobierno norteamericano ha sido poco conocido históricamente. Pero dos hechos que pueden estar aislados aparentemente sirven para explicar un poco del contexto: (1) La condena de los juzgados estadounidenses impide a cualquier compañía de EE.UU facilitar servicios a Sci-Hub, repositorio de papers científicos. El gobierno norteamericano no ha conseguido cerrar la web por más intentos que se han realizado; (2) La censura y prohibición de WikiLeaks en Estados Unidos es bien conocida. Se ha intentado, desde Estados Unidos, tanto por vías judiciales como políticas, cerrarla. La información filtrada no es casable con operaciones secretas y la acción diplomática.

Si buscáis Sci-Hub y Wikileaks en Google, llegaréis sin mayor problema a ambas webs. Sin embargo, con los sucesos del Capitolio, vimos cómo las grandes plataformas tecnológicas (Twitter, Facebook, Twitch, Youtube, etc.), conseguían silenciar al todavía presidente de EE.UU. (no entro a valorar esto, evidentemente). Prohibieron y restringieron de algún modo el uso que podía hacer el todavía presidente Trump de las mismas. La diferencia entre un caso en el que EE.UU. no pudo cerrar las webs y el segundo en el que unas empresas sí pudieron silenciar al presidente está en la arquitectura de las webs. Wikileaks y Sci-Hub son webs con redes descentralizadas aprovechando todo el potencial de la misma y evitando ser vulnerables. Las grandes plataformas tecnológicas han conseguido centralizar en un punto nuestra identidad. Son compañías que tienen una cuenta de resultados y unos accionistas con exigencias. Unos intereses económicos no necesariamente coincidentes con las preocupaciones sociales de un país.

Mucha de la oposición a acuerdos comerciales multilaterales como el TTIP o el TPP se centró en el excesivo poder que concedían a las corporaciones. Sentarse en mesas de diálogo y cooperación donde el interés de la ciudadanía debe estar por encima de cualquier otro elemento, con empresas que tienen intereses ciertamente diferentes, no es buena idea. Por ello, el ataque de seguridad al Capitolio debe ser interpretado como una clave del poder de las grandes plataformas de Internet. En cuestión de minutos consiguieron lo que el propio gobierno no ha conseguido con webs que lleva años persiguiendo.

Creo que es más necesario que nunca que cualquier representante político entienda bien cómo funciona Internet y las empresas que lo aprovechan. Esto mismo que acabo de describir de la todavía principal potencia tecnológica del mundo puede ocurrirnos por aquí cerca.

En cierto modo vivimos en una paradoja: una capacidad tecnológica sin precedentes, frente a un volumen de problemas sociales (al menos de los que la civilización haya sido consciente) realmente grande. Los emprendedores, además, como grandes agentes del cambio. Creo que lo que nos falta para hacer de este sueño una realidad, es un cambio de enfoque. Una nueva mirada. Solo será posible si construimos soluciones tecnológicas de otra manera. Es por ello que me gusta tanto el concepto de open by-design. Pensar a posteriori cómo arreglar las cosas trae muchos problemas. Es mejor el pensamiento a priori, en el que pensamos cómo diseñar las soluciones teniendo en la cabeza la explotación final.

Creo que es más necesario que nunca que cualquier representante político entienda bien cómo funciona Internet y las empresas que lo aprovechan para sus propios intereses


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