La productividad y ubicación del trabajador remoto

26.09.2021 | 01:13
La productividad y ubicación del trabajador remoto

UN artículo científico de la Universidad de Chicago expuso hace unas semanas datos muy interesantes de algo que he pensado mucho últimamente. El hecho de que en pocas semanas hayamos tenido que naturalizar un modelo de trabajo tan diferente al que teníamos (ser "remoto") ha provocado que tengamos que trabajar más horas (un incremento del 30%) y a la par ser menos productivo (un descenso del 20%). Pueden parecer unos números llamativos, pero en realidad es algo que nos ocurre mucho a los humanos. Cambiamos mucho ante la aparición de nuevos paradigmas.

El estudio se centra en trabajadores/as del sector tecnológico. Por ello, soy consciente que se trata de un contexto muy acotado. Pero creo que es una hipótesis razonable para extrapolarla a otros ámbitos, puesto que creo quizás sus conclusiones son aplicables a otros sectores. Especialmente por las interrupciones que nos provoca esa bajada de productividad. ¿Cuáles son éstas a tenor del estudio? Más reuniones (no acabamos de encontrar el equilibrio para la comunicación eficiente), menos tiempo de conversaciones 1 a 1 (que son las que presencialmente acaban arreglando muchas cosas) y menos tiempo de supervisión de los responsables directos (que son lo que a veces aceleran las tomas de decisiones y la eficiencia).

Si queremos impulsar un modelo de trabajo remoto real, creo que hay espacio para aprender a trabajar con mayor foco. Lo llamativo es que han nacido pocas empresas que ayuden en ello. Es decir, hay poco conocimiento sobre cómo trabajar en remoto. Además, muchos y muchas siguen trabajando de forma híbrida en muchas ocasiones desde el salón de casa o desde la cocina. Por lo que si al método de trabajo (que ya tiene importantes carencias), además le sumamos que el espacio tampoco ayuda, deberíamos pensar más en una de esas tendencias que a buen seguro dejará la pandemia para la historia.

Dejaba caer algún comentario en cuanto al lugar geográfico de trabajo. Según otro estudio elaborado por Nomad List, las Islas Canarias se sitúan en segundo lugar en cuanto a crecimiento de lugares para desarrollar un trabajo remoto (solo superado por la zona caribeña de México, y seguido por Dubái y Miami). Este dato me parece muy revelador porque, ahora que se habla de la recuperación y resiliencia, ¿por qué no pensamos más en nuestras ventajas competitivas? El clima, el estado de bienestar y la excelente relación calidad-precio me parece que tiene muy pocos competidores. Para que esto sea una posibilidad real, más allá de adecuar las infraestructuras residenciales y turísticas para que esto sea posible, desarrollar visados de nómadas digitales debiera ser una prioridad. Es decir, que venir a trabajar desde aquí, aunque sea de servicio a cualquier parte del mundo, debería ser una alternativa fácil de encontrar. Ahora mismo entre temas fiscales, administrativos, residenciales, culturales y sociales, la dificultad de implantar un modelo así, es alta.

Y tampoco es fácil encontrar un lugar donde hacerlo. Los espacios de coworking actuales están pensados para la presencialidad y el equipo. ¿Por qué no habilitar espacios con salas para videoconferencias, clases en directo o grabaciones? Eso implicaría dotar de espacios con buena acústica, equipamiento para ello o un sistema de compartición de recursos que no implique al trabajador remoto llevarse consigo costosos y pesados equipamientos.

Como veis, tanto a nivel de método como de lugar de trabajo, creo que la pandemia nos abre un campo fértil de oportunidades. Estamos en un proceso liminal; concluyendo un modelo anterior y adentrándonos en uno nuevo. Los que saben de innovación dicen que es el momento perfecto para la innovación. La gente todavía está pensando en qué quedará de todo ello, pero no es capaz de vislumbrar lo que vendrá. Pero a tenor de los datos, parece evidente pensar que la forma de trabajar ya no volverá a ser la de antes. Es un tema de incentivos, tanto de bienestar para el trabajador como de costes para la organización.

Parece evidente pensar que la forma de trabajar ya no volverá a ser la de antes de la pandemia. Es un tema de incentivos, tanto de bienestar para el trabajador como de costes para la organización


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