¿Quién no tiene cerca un adolescente que sueñe con ser youtuber?

¿Quién no tiene cerca un adolescente que sueñe con ser una persona que aparentemente ha solucionado su vida delante de una cámara? La mala noticia es que la tarea es complicada

12.09.2021 | 01:12
El Rubius

jakob Nielsen propuso en 2006 la teoría del 90-9-1. El 90% de los usuarios están cotilleando lo que el 9% "poco frecuente" y el 1% "muy frecuente" escribe. Eso ha venido sucediendo con la gran mayoría de redes sociales generalistas que hemos tenido hasta la fecha. Ante esta simetría de oferta y demanda, es lógico pensar que aparezcan casos de éxito.

Usemos por ejemplo el caso de los Youtubers; ¡quién no tiene cerca algún adolescente que esté soñando con ser uno de esas personas que aparentemente han solucionado su vida delante de una cámara! La mala noticia que tengo es que la tarea es complicada. Es difícil llegar a cosechar grandes audiencias así como a ganar dinero con ellas. Dividamos el artículo en esas dos partes para explicarlo.

En primer lugar, la audiencia. Es evidente decir que sin audiencia, no hay forma de monetización. A diferencia de la televisión tradicional, en YouTube es fácil medir el número exacto de personas que han visto algo. Es lo que se llaman los viewers (o visualizadores, mal traducido), que desarrollan la segunda gran métrica: las reproducciones. Lógicamente, ambos datos son maximizables si la gente te sigue. Es decir, si tienes suscriptores (razón por la cual incentivan esto). Se calcula, en base a datos de la herramienta Tube Buddy, que se precisa disponer de 151 vídeos para tener entre 1.000 y 10.000 suscriptores. Para llegar a tener más de 1.000.000 de suscriptores, deberás grabar la friolera de al menos 3.870 vídeos. Serán piezas cortas, sí, pero debes captar la atención, por lo que te harán falta un buen guión, un audio y vídeo bueno y un contenido diferencial.

Por otro lado están las formas de generar ingresos. Hay muchas opciones: publicidad, acuerdos con marcas, productos con marca propia, directos pagados, enlaces patrocinados, etc. Por simplicidad y por comparabilidad con otros medios, vamos a centrarnos solo en los ingresos publicitarios. Los anuncios que puedes insertar en un vídeo tuyo son dos: aquel que sale al comienzo del vídeo por espacio de entre 15 y 30 segundos y los breves vídeos que se intercalan en la reproducción del vídeo. Pues bien, para que te paguen por esa publicidad, necesitas que tu vídeo sea visto muchas veces. Los datos de pago no son fáciles de obtener. Por eso, las evidencias de que se dispone vienen directamente de algunos Youtubers que, cansados de las condiciones de la plataforma, han hecho públicos sus ingresos. Una de ellas, Shelby Church, mostró hace unos meses en un artículo cómo por un vídeo que acumulaba ya casi 4.000.000 de reproducciones, había recibido 1.275 dólares. Sin embargo, también decía que tenía otro vídeo con 2.000.000 de reproducciones, que le había reportado ya 40.000 dólares. ¿A qué se deben estas diferencias? A la cualificación de la audiencia. Es decir, a entender las características de quiénes son los que habían visto ese vídeo. El primero era audiencia fundamentalmente no americana (y por lo tanto, menos interesante para los anunciantes); el segundo, audiencia americana. En definitiva: el contenido y a quién le pueda interesar condiciona todo lo demás en cascada.

No debemos olvidar de estas cifras que YouTube se queda con el 45% de los ingresos. Y tampoco debemos olvidar que el algoritmo de YouTube (propiedad de Google), cambia con relativa frecuencia. Por lo tanto, a la complejidad habitual de producir vídeos, te recomiendo que también sumes ciertos conocimientos de Google y sus manías.

Esto nos lleva a concluir que por cada 1.000.000 de visualizaciones puedes estimar ganar entre 2.000 y 5.000 dólares. Ahora deberás ver las horas que necesitas invertir para ganar ese dinero (que ya te anticipo que son bastantes más de las que imaginas). ¿Es fácil ser Youtuber? Ni mucho menos. ¿Es un plan de vida? Tampoco.

Por ello, amas y aitas, creo que es importante que, a edades tempranas, traslademos esta cruda realidad a nuestros hijos e hijas. Después puede ser demasiado tarde.

¿Quién no tiene cerca un adolescente que sueñe con ser una persona que aparentemente ha solucionado su vida delante de una cámara? La mala noticia es que la tarea es complicada


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