Durante años, Pedro fue conductor de consejeros del Gobierno Vasco en Vitoria. Miles de kilómetros recorridos, cientos de conversaciones escuchadas en silencio, una vida discreta tras el volante.

Era, y es, de esos hombres que no necesitan destacar, que prefieren el segundo plano, el que observa, escucha y cumple con su deber sin hacer ruido. Y a día de hoy lo sigue haciendo con afabilidad, cercanía y mucha amabilidad.

En su trabajo, la confianza era lo más importante, y Pedro siempre fue sinónimo de eso: de confianza, de discreción, de lealtad.