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Misterios y curiosidades para descubrir la Medina de Túnez

Desde hace 50 años, la Medina de Túnez está protegida por la UNESCO como Patrimonio Mundial Cultural y Natural. Para los tunecinos de pro es un lugar poco menos que sagrado, porque en su seno se gestó el movimiento ciudadano que culminó con la declaración de Independencia cuyo aniversario se celebra el 20 de marzo

Misterios y curiosidades para descubrir la Medina de TúnezBegoña E. Ocerin

¡Aquí compra la Pantoja!, ¡Más barato que El Corte Inglés!… Son algunas de las frases que, en correcto castellano, se escuchan en los estrechos pasadizos de la Medina de Túnez por boca de los vendedores en cuanto pasa a su alcance algún grupo de turistas españoles. Pero si son de otra nacionalidad cambian el chip adaptándose a la circunstancia. Es la particular babel de un mundo sorprendente en el que es difícil saber si se ha producido algún cambio con el paso de los siglos.

Una vendedora de especias y alfombras en la Medina.

Aquí vender es un arte y los artistas se las saben todas en la difícil forma de engatusarte con galanteos que culminan con la invitación a un té o un refresco hasta que acabas claudicando. Da igual el objeto por el que te intereses porque, a continuación, empieza la etapa del regateo, en la que, a buen seguro, el comprador cede, unas veces para premiar el trabajo manual de un artesano del bronce que se ha dejado la vista tallando un plato o una bandeja y otras para felicitar al tendero por su labia insistente. Vamos, que sales de la tienda con unas babuchas que nunca te pondrás y una chilaba que no utilizarás ni en carnaval. 

Sin embargo, ese toma y daca que mantienes con el vendedor es un entretenimiento que a él le ayuda a pasar la jornada al frente del tenderete. Realmente les haces un favor manteniendo la conversación, diciéndole de dónde eres y riendo la broma que indefectiblemente él te va a hacer. “C’est la vie”, me dice Abdul mientras me da a conocer su particular selección de condimentos para la cocina en sacos.

Antigua cárcel de esclavos en la Medina.

Mercado de esclavos

Son las técnicas del mercado en la medina de Túnez, tan viejas como las paredes de unos establecimientos a cuyos fondos nadie ha logrado llegar. Ni tan siquiera sus dueños y menos los vendedores que rivalizan en su forma de atracción, pero respetándose mutuamente. 

Un ejemplo lo tenemos en El Birka, una plaza de planta cuadrada cubierta por una cúpula central y bóvedas laterales. En este zoco, construido en el siglo XVII, hoy se venden joyas, pero antiguamente, se traficaba con esclavos a los que se les exponía en una tarima de madera situada en el centro. Los compradores, después de haber hecho su elección, participaban en la subasta desde unas banquetas. Aún hay establecimientos que en lo más lóbrego de su interior conservan las enrejadas celdas que ocupaban los esclavos.

Interior de la gran mezquita Zitouna.

Una ciudad amurallada

Pocos vestigios quedan de la primitiva muralla que rodeó la capital tunecina, siendo el principal la Puerta de Francia, la popular Bab Bhar, donde estuvo la vieja aduana. Desde ella, a través de una de las principales calles, se llega a lo que se considera la gran joya del barrio, la mezquita Ez-Zitoune (del olivo), el más grande y venerado santuario de Túnez.

Este templo data del siglo VII, confundiéndose su construcción con la fundación de la ciudad. Ciertamente es un edificio de gran belleza. Tiene más de 184 columnas y se dice que los capiteles antiguos, armoniosamente integrados en el conjunto, provienen de las ruinas de Cartago. El suelo en mármol del gran patio tiene dispositivos para colar el agua de la lluvia y almacenarla en el subsuelo.

La Gran Mezquita no sólo fue el centro político-religioso de Túnez. Aquí también se llevaban a cabo acuerdos comerciales y transacciones mercantiles hasta que fue adquiriendo un carácter sagrado cada vez más marcado. Logró fama mundial como centro de enseñanza de Ciencias Jurídicas, participando en numerosos estudiantes procedentes de todo el continente africano. No extraña, por tanto, que durante la dominación francesa fuera uno de los puntos de resistencia tunecina.

Puerta del zoco El Quemach.

Las residencias de estudiantes

Los estudiantes se alojaban en las medersas, una especie de residencias cuyos edificios han sido recuperados en la actualidad para dedicarlos a enseñanzas especializadas. En la más antigua, la de la Palmera (1714), situada frente a la Gran Mezquita, se imparte el aprendizaje del Corán, y en la Mouradia, levantada sobre las ruinas de un cuartel de la milicia turca, se enseñan distintos oficios bajo la mirada atenta de viejos artesanos que ven una continuación en los jóvenes aprendices.

La artesanía es la base del comercio en la Medina, de ahí que las escuelas de formación profesional sean notorias y rivalicen en sus docencias. Merece la pena visitar la medersa El-Bachiya, a unos metros de la Palmera, no sólo por ver cómo se muestra la realización de un fez, ese sombrero troncocónico equivalente a nuestra boina, sino por admirar su arquitectura y belleza. 

La mayor parte de estos edificios han sido testigos de sangrientos episodios. Los muros de la medersa Slimaniya, por ejemplo, encierran una escalofriante historia ocurrida a mediados del siglo XVIII, cuando Suleimán, hijo del sultán Alí Pachá, fue envenenado por su propio hermano.

Crisol de culturas

La Medina de Túnez es una mezcla inmensa de razas y religiones, de idiomas y dialectos, que han ido mezclándose con el paso de los siglos. Aquí no se oye el ruido de la circulación ni de bocinas, pero sí existe un runrún de la gente que se mezcla con el aroma fuerte de las especies y los perfumes baratos.

 Este crisol de culturas refleja a la perfección lo que fue la arquitectura sin arquitectos, cuando el trazado de las calles se llevó a cabo sin estudios urbanísticos, simplemente por comodidad o capricho del habitante. Algunos barrios son verdaderos laberintos en los que se agrupan sus habitantes por profesiones. 

Las construcciones carecen de edad. La ignoran hasta sus propios propietarios. Como sus vidas. ¿O es que sabe el tallador de platos de bronce cuántos años tiene? Lleva toda su existencia en la misma postura. Hay, sin embargo, un capítulo en esta dilatada existencia que todos distinguen: cuándo los moriscos españoles se refugiaron aquí huyendo de la persecución.

Plano de la Medina de Túnez.

¿Qué fue de San Luis de Francia?

Me resulta muy agradable tomar un té con un anciano vendedor. Le ayudo a sobrellevar el aburrimiento frente a su destartalado local y me proporciona el conocimiento de la otra versión de leyendas que enfrentan a nuestras dos culturas. Es el caso, por ejemplo, del rey Luis IX de Francia, hijo de la infanta Blanca de Castilla y padre de Isabel que acabaría casándose con Teobaldo II de Navarra

El monarca organizó dos cruzadas, la séptima y la octava, la última de las cuales fue un auténtico desastre, ya que su ejército sufrió un ataque de disentería en cuanto puso pie en Tunicia. Según la versión cristina, Luis murió el 25 de agosto de 1270 víctima de la peste. Sin embargo, una leyenda tunecina dice que el rey cristiano no murió en esas circunstancias, sino que, enfermo de peste, fue atendido por una muchacha árabe que le salvó de la muerte. 

La paciencia que tuvo aquella joven acabó convirtiéndose en amor. Luis IX se convirtió al islamismo y llevó una vida dedicada a hacer el bien a sus semejantes. A su muerte fue enterrado en el centro de Sidi Bou Said convirtiéndose en un marabut o santón. Sin embargo, la fe cristiana lo venera como San Luis.

El caso Turmeda

Otro caso curioso es el de Anselm Turmeda, un franciscano y escritor mallorquín que pasó a llamarse Abdallah at Turguman tras abjurar de su religión y abrazar el islamismo. Nacido en Palma de Mallorca en 1352, Anselm demostró desde niño unas innatas condiciones para las letras. Enfiló sus estudios hacia la Física y la Astronomía y acabó siendo ordenado sacerdote, completando estudios de Teología en París y Bolonia.

Eran tiempos en los que los piratas berberiscos estaban en pleno apogeo. No sólo se llevaban cuanto de valor material encontraban a su paso, sino que también raptaban personas a las que vendían como esclavos en el caso de que no se pagara un rescate. En esta negociación intervenían los frailes del convento de Palma y gracias a ella Anselm tuvo contactos con el islam. Su interés por esta religión le llevó a renegar de la fe cristiana

Aprovechándose de su dominio de varias lenguas trabajó como intérprete del sultán, lo que le permitió vivir holgadamente y ocupar unas dependencias del palacio real donde utilizó sus tiempos de ocio para dedicarse a la literatura, aspecto éste ciertamente notable aunque buena parte de ella acabó en la hoguera inquisidora. Por cierto que una de sus obras más celebradas tiene cierto parecido con el best seller infantil Fray Perico y su borrico.

Bambalouni, el tentempié para probar en la Medina.

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Bambalouni, la tentadora rosquilla

La gastronomía es uno de los grandes tesoros de Túnez. El aperitivo clásico de la Medina y que los vendedores ambulantes te lo ofrecen con insistencia es el bambalouni, una especie de rosquilla frita en aceite a la que se da el toque final cubriéndola de miel. Es posible que te resistas a las primeras ofertas que se te presenten, pero caerás en brazos de la tentación cuando sientas desde lejos el agradable tufillo de la fritura procedente del chiringuito que te espera a la vuelta de la esquina. Sólo entonces podrás decir que has vivido la medina de Túnez.