El Partido Socialista francés ha descartado que el líder del Movimiento Democrático (Modem), François Bayrou, aliado del presidente Emmanuel Macron, pueda sustituir a Michel Barnier al frente del Gobierno, pese a que el veterano político centrista es uno de los nombres que más han sonado en las quinielas de los últimos días. “Lo que pedimos y lo que quieren los franceses es una ruptura con la política realizada hasta ahora”, planteó el primer secretario del Partido Socialista, Olivier Faure, y apuntó que, con esta premisa, “no puede ser François Bayrou” el próximo primer ministro. Faure insistió en que el candidato debe proceder de la familia política de la izquierda.

Macron tiene previsto resolver el tema de manera inminente, puesto que el martes ya planteó en la ronda de contactos con los partidos que se marcaba un plazo de 48 horas. El Elíseo confirmó que el presidente realizará hoy una visita oficial a Polonia, por lo que está por ver cómo afecta este viaje al futuro anuncio.

El mandatario intenta tejer para el nuevo Ejecutivo una base de apoyos más amplia de la que tenía Barnier, derrotado en una moción de censura sin precedentes en más de medio siglo. Dentro de estos contactos están incluidos la mayor parte de los partidos que conforman el Nuevo Frente Popular de izquierdas, pero no La Francia Insumisa (LFI).

Faure criticó que no hayan acudido a los llamamientos, ya que considera que “debilita” la voz de la izquierda a la hora de reclamar medidas, mientras que desde LFI han cuestionado el papel de sus socios asegurando que están dispuestos a hacer concesiones a la derecha.

El diputado Éric Coquerel dio por hecho que Macron “no nombrará un primer ministro de izquierda”, mientras que uno de los principales líderes de LFI, Manuel Bompard, señaló que cualquier acuerdo que salga de la mesa de negociaciones será “de coalición”. Bompard negó que las distintas partes puedan llegar a un “acuerdo de no censura” para garantizar la supervivencia del siguiente Gobierno, algo que, en su opinión, “desearían los socialistas”.

Por su parte, la portavoz del Gobierno en funciones, Maud Bregeon, admitió en una comparecencia al término del Consejo de Ministros que “actualmente” no existe una “base” para constituir una coalición más amplia de la que ya existe, y sí ha abierto la puerta a llegar a algún tipo de pacto “sobre un principio de no censura”. Asimismo, negó que Macron haya aludido durante la reunión a una posible “temporalidad” del próximo primer ministro.

Macron encargó al Ejecutivo de Barnier que siga en funciones mientras resuelve la ecuación y, de hecho, el Consejo de Ministros examinó ayer una ley especial destinada a evitar la parálisis presupuestaria, toda vez que la caída de Barnier derivó de la falta de un mínimo consenso para sacar adelante los próximos presupuestos. Al margen de la ecuación quedó el partido ultraderechista Agrupación Nacional, que secundó junto a la izquierda la moción de censura que tumbó al Gobierno de Barnier. La jefa de filas de la formación en la Asamblea Nacional, Marine Le Pen, restó importancia ayer al hecho de que no recibiesen invitación, porque no quieren “participar” en coalición alguna.

La referencia de Le Pen

Según Le Pen, antigua candidata presidencial, los partidos y líderes implicados en la ronda de contactos no buscan “arreglar los problemas de los franceses”, sino hablar de “cómo conservar su puesto”.

La ultraderecha ha buscado en estos últimos días erigirse en referente de la oposición frente a Macron y sus socios y los sondeos reflejan un ascenso en la popularidad de Le Pen. Si las elecciones presidenciales se celebrasen ya, la diputada obtendría el 38% de los sufragios, según un sondeo publicado por Le Figaro y que pronostica un nivel de apoyo sin precedentes.

Le Pen alcanzaría esta cota en caso de enfrentamiento con el ex primer ministro macronista Gabriel Attal, si bien apenas perdería dos puntos y se quedaría con el 36% si el candidato de esta esfera política fuese Édouard Philippe. En el ámbito de la izquierda, Jean-Luc Mélenchon sigue siendo la opción preferida, con una intención de voto del 12%.