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Barcelona, 17.05 horas

El Caja Rural regresa al Tour casi cuatro décadas después con el 16º puesto en la crono por equipos

Barcelona, 17.05 horasEfe

Cuarenta años después, veterano el el equipo, floreció el Caja Rural en el Tour de Francia. La espiga dorada, a modo de la luz de una luciérnaga que azarosa y caprichosa, revoloteaba en Barcelona, botón de ignición de la Grande Boucle

Allí, el equipo navarro pisaba la tierra prometida, que cambia de lugar, pero el Tour siempre es el Tour. Una constante de julio. La carrera más famosa del mundo.

En ese paseo de la fama que supone la prueba francesa se alineó el Caja Rural con el recordatorio de aquella escuadra de finales de los 80 que lideraba Marino Lejarreta y a la que le daba velocidad Mathieu Hermans, su afamado velocista.

Por el callejero de la Ciudad Condal, el Caja Rural, en un día histórico para su biografía, reivindicó su esencia con la revisión estética del maillot de sus antepasados y el recordatorio de Jaume Guardeño, gravemente herido meses atrás mientras entrenaba.

Con ese impulso, de cariño y ternura, con el traje de los domingos un sábado de fiesta el Caja Rural se adentró en el Tour a las 17.05 horas. 

En el punto de partida, a la hora exacta, partieron los ocho elegidos para el Tour: Balderstone, Otruba, Gaviria, Oldani, José Félix Parra, Nicolau, Berwick y Molenaar, el neerlandés residente en Olot desde los 10 años, con el cosquilleo de la emoción y la felicidad en la rampa de salida para encarar la crono por equipos que sirvió para jerarquizar la carrera.

Para el Caja Rural la competición no era tanto una historia de números y cálculos como el regreso a una historia, al hilo que unía dos siglos distintos.

De estreno, relucientes las pieles al sol a la hora de la merienda, o la de la sobremesa cuando es agradable y las palabras se acodan sobre el mantel garabateando risas, anécdotas e historias repetidas mil veces, el Caja Rural enfiló la crono el entusiasmo y la algarabía de la juventud. 

Los ciclistas del Caja Rural, durante la contrarreloj.

Casi 40 años después, se trataba de ir rápido, lo más posible, pero también de deleitarse por una experiencia única, para toda la vida.

Los equipos poderosos, para los que el Tour es algo rutinario, o al menos, no tan especial, enfocaban la carrera con otros ojos. Los de la muchacha del equipo navarro eran los del asombro y el descubrimiento. Pintados por el amarillo, el color de los sueños. 

El Caja Rural, el eslabón más débil en cuanto a presupuesto de los equipos que asomaban en el Tour, repleto de dignidad, orgullo y hambre obtuvo la 16º plaza después de su ejercicio cooperativo. 

“Nos hubiera gustado tener algún corredor más al final, pero nos hemos adaptado a las circunstancias de dar tiempo al equipo con el paso del primer corredor, son las normas de la organización. Como no tenemos a nadie para la general hemos luchado contra nosotros mismos y creo que el inicio es para estar contentos. Hemos ganador a varios equipos”, subrayó José Miguel Fernández, director de la formación navarra.

Alex Molenaar, el ciclista designado para mostrarse, completó la crono en 22:59, a una media de 51,1 km/hora. En la retina de la memoria no quedará el tiempo que fijaron.

No es más que un número. En el arcano vital cuentan otras cosas, otros afectos y sentimientos. Aquello que sintieron en Barcelona a las 17.05 horas.