Sanfermines del 78: historietas, cómics y libros en la memoria de Patxi Irurzun
Revoluciones, bombardeos, apagones… Los veranos no siempre transcurren en una calma chicha; al contrario, han sido a menudo testigos de algunos de los acontecimientos más convulsos de la historia
El día que, en los Sanfermines de 1978, la Policía Nacional irrumpió armada –y haciendo uso de la fuerza– en la plaza de toros de Pamplona al final de la corrida, aquel 8 de julio fatídico en que una bala disparada por un miembro de este mismo cuerpo asesinaba en las inmediaciones del coso pamplonés a Germán Rodríguez, un grupo de dibujantes navarros se habían citado a la hora de la salida de las peñas para vender una revista titulada ¡Viva San Fermín! en la que el argumento de una de las historietas era que la policía irrumpía armada –y haciendo uso de la fuerza– en la plaza de toros de Pamplona.
Distopía sanferminera
Ernesto Murillo Simonides fue el dibujante pitoniso, si bien el murchantino resta importancia a sus dotes adivinatorias, alegando que situaciones de ese tipo –cargas y detenciones policiales indiscriminadas, asaltos y palizas en bares a cargo de cuerpos parapoliciales o guerrilleros de Cristo Rey, etc.– eran por entonces el pan nuestro de cada día. De hecho, en Viva San Fermín, revista en la que participaron, entre otros, los pintores Joaquín Resano, Alicia y Pedro Osés, los escritores Ramón Irigoyen y Javier Mina o el músico y productor Marino Goñi, apareció otra colaboración, un relato futurista firmado porF. de Fran, en el que los antidisturbios -o los provocadisturbios, como son llamados- cargan contra la población en los días previos a las fiestas.
También la historieta de Murillo recurre a la ciencia ficción, en una delirante distopía en la que una Iruña poblada por alienígenas obligados a defecar de manera industrial se rebelan y acaban devorando a los “carcamales”, una especie de reses androides que han sustituido a los toros en los encierros. Como respuesta, la autoridad decide prohibir estos, lo cual desata, por una parte, una revuelta popular, y, por otra, el asalto de las Fuerzas de Orden Público a la plaza de toros, durante una de las corridas de feria, temiendo que la famélica multitud vuelva a hincar el diente a los carcamales lidiados esa tarde.
Cubos de sangría llenos de piedras
La catástrofe, en definitiva, se mascaba en el aire. “Aquel 8 de julio -recuerda Simonides- merendamos en la Rotxa. Necesitábamos cargarnos de energía para salir a vender nuestra flamante revista. Después de merendar, nos topamos con multitud de gente, madres con niños y ancianos, que bajaba huyendo de Pamplona. Los grises habían cargado contra las peñas en la plaza de toros, sembrando el terror. No nos extrañó. Precisamente, mientras confeccionábamos la revista en un piso alquilado de la calle Navarrería, habíamos tenido problemas para entrar y salir por culpa de la represión policial de las manifestaciones diarias pidiendo amnistía. Suspendimos la venta antes de haber comenzado. La Jesusa -la compañera del dibujante- y yo avanzamos hacia la Plaza del Castillo a ver qué pasaba. Las terrazas estaban totalmente vacías. Nos sentamos en la del Iruña, se acercó un camarero, le pedimos dos gin-tonics y allí nos quedamos. Una cadena humana cruzaba la plaza transportando piedras en los cubos de sangría. Los cargaban en el Arga, cruzaban la plaza y se internaban en Carlos III. Allí los perdíamos de vista entre una suave neblina de polvo y botes de humo. Al parecer los mozos de las peñas, repuestos de la inicial sorpresa, estaban haciendo retroceder a la policía hasta las inmediaciones del Gobierno Civil. Oímos un gran estruendo producido por la gente que golpeaba al unísono las persianas metálicas de los comercios, además de disparos y gritos. Por las ventanas bajas de la Diputación salían llamas y humo. La gente que estaba en el Gayarre viendo el cabaret no pudo abandonarlo hasta el día siguiente”.
Una noche en el Toki Leza
El pintor Pedro Osés, por su parte, refiere una situación similar, un grupo de gente atrapado durante toda la noche, en este caso en el bar Toki Leza de la calle Calderería. Osés no iba a participar en el reparto de la revista, pues su compañera trabajaba esa tarde en dicho bar y él se fue con la hija de ambos, de tres años, al parque de la Taconera. “No supe nada de los del grupo ni de lo que estaba pasando en el centro y a última hora volví a casa. Al amanecer llegó Carmen y me contó que un grupo de gente se quedaron encerrados en el bar por la bronca que se había liado en lo viejo. Estuvieron horas tumbados en el suelo, en silencio y a oscuras porque la policía estuvo patrullando por allá, hostigando y con ganas de machacar a alguien. Así que si tengo alguna imagen es la del interior del bar a oscuras y unas siluetas policiales pasando por delante de la puerta”.
Libros y documentales
Viva San Fermín sería finalmente distribuida con gran acogida durante aquel verano caliente del 78 en otros acontecimientos festivos como el Festival de Jazz de Donostia o los memorables y familiares sanfermines txikitos de finales de septiembre. Simonides, por su parte, publicaría tiempo después otro cómic titulado Preludio de los sanfermines 78en el que retrataba el clima social que se vivía en la ciudad durante los días previos a aquel fatídico 8 de julio. Y los sanfermines del 78 serían igualmente reflejados en documentales como Sanfermines 78, de Juan Gautier y José Ángel Jiménez, o libros como el diario 1978, de Vicente Huici Urmeneta (quien fue, además, compañero de pupitre de Germán Rodríguez), la exhaustiva novela de Juan Retana 22 de septiembre, San Fermín, o la crónica ¡No os importe matar!de Sabino Cuadra, a la cual da título una de las frases recogidas por la frecuencia de radio de la policía aquel 8 de julio, y a la que se sumaron otras perlas dialécticas como la infame Al fin y al cabo lo nuestro serán errores, pero lo otro son crímenes, de Rodolfo Martín Villa, por entonces ministro de Interior, y en consecuencia uno de los máximos responsables de lo acontecido, sin que hasta el momento nadie haya pagado por ello o se hayan desclasificado los documentos oficiales referidos a aquellos funestos Sanfermines de 1978.
Temas
Más en Tendencias
-
El sencillo truco de una experta en finanzas para ahorrar todos los meses: solo hay que hacerlo 24 horas antes de cobrar
-
Sobreentrenamiento, cuando el deporte pasa de aliado a enemigo
-
Neurocosmética: ¿puede una crema mejorar tu estado de ánimo?
-
Una profesora jubilada deja su casa para irse a vivir a un crucero en alta mar: “Me sale mucho más barato”
