Julia Martínez y Diego Garisa, protagonistas de 'Subsuelo': “Fernando Franco nos ha dado mucho espacio”
Fernando Franco, Goya a ‘Mejor Dirección Novel’ en 2013 y con nueve nominaciones a sus espaldas, se adentra por primera vez en el thriller psicológico con la adaptación de ‘Subsuelo’, novela del escritor argentino Marcelo Luján protagonizada por Julia Martínez y Diego Garisa
Fernando Franco explora en Subsuelo, recientemente estrenada en cines, los secretos y silencios de una familia marcada por un pasado que pesa. La historia sigue a Eva y Fabián, mellizos a punto de cumplir la mayoría de edad, que una noche de verano se ven envueltos en un accidente cuyas circunstancias permanecen en la sombra. Solo ellos y su madre, Mabel, conocen lo que realmente ocurrió. La película está protagonizada por Julia Martínez (Santa Cruz de Tenerife, 2000) y Diego Garisa (Zaragoza, 1999).
¿Cómo es la relación entre Eva y Fabián y qué la hace distinta a otras historias de hermanos en el cine?
Diego Garisa: Creo que el guion, igual que la película, tiene una capacidad enorme para atraparte. Juega con una estructura que avanza y retrocede en el tiempo, obligándote a ir armando tú mismo el puzle. A mí lo que más me enganchó fue esa curiosidad constante por saber qué les ocurría a los personajes; me lo leí en una sola tarde porque, literalmente, necesitaba descubrir qué iba a pasar.
Julia Martínez: A mí me pareció que el guion estaba muy bien escrito. Puede sonar a obviedad, pero no siempre ocurre, sobre todo en el tipo de código que maneja Fernando. Tiene algo muy pegado a lo cotidiano, muy naturalista, y ya desde la primera lectura resultaba verosímil y creíble. A veces, cuando un guion lo levantas, hay partes que como actor no terminas de creerte del todo o que necesitas retocar para poder sostenerlas, pero aquí no pasó eso. Todo estaba tan bien hilado y tan limpio… Fernando hace un trabajo muy fino de depuración, y durante los ensayos aún volvimos a ajustar, quitar y añadir cosas. Pero su forma de trabajar va justo de eso: de quedarse con lo esencial, de usar el mínimo texto posible para entrar en las situaciones y conflictos. Y me pareció una auténtica lección de maestría.
¿Cómo prepararon sus respectivos personajes?
DG: Mi personaje tiene un rasgo clave que marcó desde el principio todo el trabajo: sufre una parálisis de cintura para abajo. Empecé a prepararlo con Carlos, un coach maravilloso, y pasé tiempo en su casa aprendiendo de él, desde los gestos más cotidianos hasta los detalles prácticos del día a día. Eso me dio mucha soltura y, sobre todo, la libertad de dejar de pensar en lo técnico para poder centrarme en lo emocional. Y lo emocional fue un viaje. Meterme en esa oscuridad, en ese territorio tan perturbador, fue casi como bucear en el terror, porque lo que hace el personaje es realmente terrible. Tuve que apartar mi propio juicio moral, el mío y el que tendrá también el espectador, e intentar entender dónde estaba su herida, cuál era el origen de todo, por qué necesitaba actuar así. Trabajé desde sus carencias, sus necesidades, sus faltas de amor y afecto, todo eso que él no tiene y que intenta reclamar de la peor manera posible.
JM: Yo me apoyé mucho en un trabajo más atmosférico. Fernando y yo no queríamos racionalizar en exceso lo que le pasaba a ella, sino abordarlo desde un lugar más intuitivo y emocional. Me centré sobre todo en los sentimientos de culpa y en todo lo que está oculto, y en cómo esa atmósfera se manifestaba en cada una de sus relaciones: cómo es Eva con su madre, con su hermano… Y qué matices distintos salen a la luz en cada vínculo. Fue un trabajo muy conectado con el guion, pero más desde la intuición y las sensaciones que desde un método racional o técnico.
¿Cómo es la relación entre Eva y Fabián y qué la hace distinta a otras historias de hermanos en el cine?
DG: Para empezar, partíamos de que los personajes son mellizos, y eso ya marcaba mucho la base de la relación. Ninguno de nosotros tiene mellizos en la vida real, pero intuíamos que debía de ser algo muy especial: llegan al mundo juntos, comparten cada etapa vital y crecen en paralelo. Desde el principio construimos la idea de que, aunque en la película no se viera directamente, entre ellos habían existido momentos luminosos, de cariño y de apoyo mutuo. Necesitábamos imaginar que en algún momento se habían necesitado de verdad, que había habido amor, para que al llegar a la historia y ver cómo todo eso se rompe, el golpe emocional fuera más profundo. En mi caso, eso se traduce en un dolor enorme; en el de Julia, más bien en miedo o en un conflicto todavía más intenso. Así que cargamos la relación de esa dependencia fuerte, de esa necesidad constante de amor y atención del otro.
La película juega con lo que no se dice tanto como con lo que se muestra. ¿Cómo trabajaron esa tensión entre lo oculto y lo que se deja ver?
JM: Se trataba de generar toda esa tensión que está ahí, oculta, y como actores confiar en no mostrarla de forma explícita. El guion y la dirección de Fernando lo ponían fácil. Su forma de dirigir me pareció muy elegante y precisa, sobre todo por esa elección de no contarlo todo y confiar en que el espectador lo entendería a través de las situaciones y de la propia magia del cine, que tiene el poder de decidir qué mostrar y qué significado darle a cada cosa mediante la narrativa y el plano.
¿Les dio el director libertad para experimentar o tenía las escenas muy medidas desde el principio?
DG: Es un director que lo tiene muy claro, pero lo que más me impresiona de él es su enorme generosidad. Haber escrito el guion, dirigir la película y ser la mente detrás de todo, y aun así mantener la disposición de escuchar, de preguntarse si algo ayuda realmente al trabajo de los actores o no… Eso dice mucho. Tiene un radar muy fino para detectar la verdad y la honestidad en cada secuencia. Repetíamos mucho las tomas para encontrar la intención exacta en cada frase, sobre todo en aquellas donde menos se decía explícitamente. Le interesa que la información no sea obvia, que la película mantenga siempre al espectador activo, haciéndose preguntas y encontrando él mismo las respuestas, en lugar de recibirlas servidas.
Fernando Franco tiene un estilo muy propio, con silencios, tiempos largos y emociones contenidas. ¿Qué tal ha sido trabajar con él?
JM: Increíble, la verdad. Coincido mucho con su manera de entender la verdad en la interpretación. Estoy muy de acuerdo con esa idea de no dar nada por sentado ni mostrarlo todo de forma explícita. Desde el principio compartíamos una sensibilidad muy parecida, y creo que eso se notó, porque todos los compañeros trabajamos dentro del mismo código. Además, fue un proceso en el que disfrutamos porque Fernando es un director que da muchísimo espacio al criterio y a la creatividad de los actores. Eso nos permitió aportar mucho de nosotros mismos.
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