Nadie en Atxuri acierta a comprender por qué, presuntamente, Ada provocó la muerte de Chiara, su hija pequeña. Todos se quedaron estupefactos ante una muerte inútil de una niña que “era muy cariñosa, juguetona, y muy querida en el cole”, aseguró ayer a los medios una mujer cuya hija iba al mismo centro escolar que la pequeña fallecida.
Lo mismo aseguraba minutos después a DEIA Teresa, una de las clientes habituales del bar Lizarra, ubicado en la cercana plazuela de La Encarnación, local donde Ada acudía casi a diario y, en ocasiones, también con su pequeña. “La conocía, claro que la conocía, y no me puedo creer que haya hecho daño a su niña”, declaró compungida.
Ada es el nombre por el que conocen todos en el barrio a Inmaculada, una mujer que vive con su familia en los pisos de protección oficial que construyó el Gobierno vasco hace poco más de una década y que sirvieron para dar vida a esta parte de Bilbao en forma de vaguada.
La familia en el hogar era totalmente femenina. Ada con sus hijas y su nieta, un bebé de dos años, después de que la mujer se separara de su marido. “La pareja mantenía buena relación”, indica tras la barra del bar la propietaria del local. “Él venía a menudo por aquí y le traía a la pequeña libros, pinturas y regalos”, comenta mientras entra en la conversación Teresa, que permanecía sentada ante una mesa en una esquina del bar tomando un café y describió a la pequeña casi con lagrimas: “Era un encanto, cariñosa, un poco gordita, pero sana, muy sana”. Esta vecina de Ollerías Altas, una de las calles que se integra también en Atxuri, coincidía a menudo con Ada y compartían consumiciones. “Ella tomaba siempre té, no bebía, y siempre pedía eso cuando venía por la mañana tras dejar a su hija en el cole, porque siempre la acompañaba”, destaca.
Todos en el barrio conocen los problemas de movilidad que tiene Ada, “ya que era una persona muy obesa y después de una operación bajó muchos kilos pero le quedaron secuelas y muchos dolores”. De hecho era habitual verla con su muleta usar los ascensores que conectan la parte de abajo de Atxuri con la calle alta donde viven.
Según relató otra vecina, que sabía que tenía problemas de salud, habían supuesto que “lo había pasado muy mal” porque “los medicamentos no le hacían ningún efecto”. Hace un tiempo le recetaron incluso morfina para aliviar los fuertes dolores que padecía, aunque ya se la habían retirado. “La vida a veces es muy dura y hay personas que lo llevan peor”, lamentó. A pesar de todo aseguró que “era una madre buenísima. Quería muchísimo a sus dos hijas y a su nieta. Siempre se ha desvivido y luchado por ellas”.
A pesar de estas descripciones, parece que en los últimas semanas el estado de Ada había cambiado. Otra vecina del barrio que la conocía por coincidir en el parque próximo especificó que parecía “tener una depresión bastante seria y pocas ganas de vivir”, algo que confirmaron también otros residentes.
Teresa, sin embargo, no se lo creía. Aseguró que “era una madre como la copa de un pino”. Para avalar el cariño que se profesaban contó una anécdota de la que fue testigo. “Le quitaron la morfina debido a que le producía una reacción alérgica y le salieron unos granos en la cabeza. Por ello se tuvo que rapar el pelo y la hija, como se querían tanto le dijo: Amatxu, si te tienes que cortar el pelo para que se te quiten las pastillas, yo también me lo corto. Fíjate si estaban unidas”.