Uno de los errores más comunes en la cocina es pensar que la fecha de caducidad es aproximada, que un día o dos de margen no importan o que el olfato es suficiente para saber si un alimento está en buen estado. La realidad es que la fecha de caducidad en productos frescos es definitiva porque el riesgo microbiológico aumenta en nada de tiempo. Y lo que hace especialmente peligrosa esta situación es que los compuestos del deterioro no se detectan con el olfato ni se destruyen al cocinarse. El alimento puede oler bien, tener buen aspecto y aun así haberse puesto malo.
La clave está en distinguir entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente. La primera aplica a productos altamente perecederos donde el riesgo microbiológico es inmediato. La segunda indica hasta cuándo el fabricante garantiza la máxima calidad del producto, pero no implica ningún peligro para la salud una vez superada.
Carne fresca y carne picada
La carne y el pescado frescos, la carne picada, las aves y los productos listos para consumir refrigerados representan un riesgo inmediato cuando superan su fecha de caducidad, incluso por poco tiempo. En la carne picada el riesgo es especialmente alto porque al triturarla se mezclan partes del animal que antes estaban separadas, facilitando el crecimiento de Escherichia coli y otras bacterias. Esta bacteria puede derivar en síntomas graves. La recomendación es consumir estos productos en menos de 48 horas o congelarla de inmediato tras la compra.
El pescado fresco es uno de los alimentos más sensibles a la contaminación. El consumo de pescado blanco y mariscos frescos después de su fecha de caducidad puede implicar riesgos significativos debido a la posible presencia de bacterias. Además, a diferencia de lo que muchos creen, cocinarlos no elimina todas las toxinas que ya se han generado durante el proceso de descomposición.
Lácteos frescos
Los lácteos frescos como la leche pasteurizada abierta y los quesos frescos están entre los alimentos que representan un riesgo serio cuando superan su fecha de caducidad. La 'Listeria monocytogenes' es la principal amenaza en este grupo: una bacteria especialmente peligrosa porque, a diferencia de otras, sigue multiplicándose activamente en la nevera incluso a temperaturas bajas, lo que significa que mantener el producto en frío no detiene su proliferación una vez caducado.
Los más peligrosos
Los huevos son uno de los alimentos caducados más peligrosos por el riesgo de Salmonella, especialmente si no han estado refrigerados de forma constante. La bacteria puede estar presente tanto en la cáscara como en el interior, y el riesgo aumenta si los huevos se van a consumir crudos o poco cocinados, como en tortillas poco cuajadas, mayonesas caseras o huevos a la plancha con la yema líquida. Un método casero para comprobar su estado es sumergirlos en agua: si flotan, el huevo ya no es apto para el consumo.