Este es el momento del día en el que no deberías beber zumo de naranja
Hay un momento del día en el que tomarlo es especialmente contraproducente
El zumo de naranja lleva décadas instalado en el desayuno como sinónimo de alimentación sana. Pero los nutricionistas llevan tiempo matizando esa idea. El problema no es la naranja en sí, sino lo que ocurre cuando se convierte en líquido: pierde la fibra y concentra todo el azúcar. Y eso tiene consecuencias distintas según el momento del día en que se tome.
Por qué el zumo no es lo mismo que la fruta entera
Para entender cuándo no hay que tomarlo, primero hay que entender qué tiene de diferente el zumo respecto a comerse la naranja entera. Al exprimir la fruta, la fibra desaparece. Y la fibra es lo que regula la velocidad a la que el azúcar pasa al torrente sanguíneo. Sin ella, el zumo provoca picos de glucosa importantes, es decir, subidas muy rápidas del azúcar en sangre en un periodo muy corto de tiempo.
Además, un vaso de zumo no equivale a una naranja sino a dos o tres. En zumo, ese azúcar se ingiere en cuestión de segundos.
El peor momento
Si hay un momento del día en el que tomar zumo es especialmente mala idea, ese es la noche. Los motivos se acumulan. Primero, la acidez: el zumo de naranja tiene un pH ácido que puede irritar la mucosa gástrica y provocar reflujo o acidez, especialmente molesta cuando uno se va a acostar poco después. Segundo, el azúcar: aunque sea natural, puede generar un pico de energía justo cuando el cuerpo necesita relajarse para dormir. Tercero, las calorías: por la noche el metabolismo es más lento y el cuerpo tiene menos capacidad de quemar esa energía.
El portal de nutrición Nutricionnervion.es lo explica con claridad: "La ingesta de naranjas por la noche podría no ser ideal para todos, especialmente debido a su acidez y alto contenido de vitamina C. Estos factores pueden alterar la digestión, causar malestar estomacal y potencialmente afectar la calidad del sueño".
Tampoco es la mejor opción en ayunas
Hay otro momento en el que tomarlo resulta problemático: en ayunas, como primer alimento del día. Es precisamente lo que mucha gente hace, y es lo que los nutricionistas más cuestionan. Con el estómago vacío, el azúcar del zumo se absorbe aún más rápido, el pico de glucosa es mayor y la bajada posterior también. Eso se traduce en más hambre a media mañana, más variaciones de humor y más fatiga. Además el componente ácido puede irritar nuestro estómago y generar acidez e incomodidad durante la mañana.
La recomendación más extendida entre los especialistas es tomarlo al final del desayuno o de la comida, nunca solo ni como primer alimento. Así, los otros alimentos con proteínas, fibra y grasa amortiguan la subida de glucosa y el impacto es mucho menor.
