La falta de vitamina D puede tener consecuencias negativas para la salud si no se aborda de forma efectiva. Y lo preocupante es que la hipovitaminosis D se está dando entre las personas que viven en el Estado español, uno de los países más soleados de Europa. “La vitamina D es, en sentido estricto, una hormona, y el organismo puede producirla cuando nos exponemos al sol. Esta síntesis cutánea puede cubrir en torno al 80% de nuestras necesidades, lo que explica su papel único frente a otras vitaminas”, señalan los especialistas. “Existe un déficit que es el reflejo de un estilo de vida más sedentario y de largas jornadas en interiores que limitan la exposición solar efectiva”, añaden.

Así lo demuestran estudios recientes realizados en una zona mediterránea, donde la proporción de personas adultas con niveles subóptimos de vitamina D superó el 75%. Según otro estudio en población infantil, el 31,86% presentaba niveles inferiores a 20 ng/ml, porcentaje que ascendió hasta el 52,87% en invierno2.

¿A quién afecta?

Los grupos de mayor riesgo incluyen a personas mayores, debido a que la piel sintetiza menos vitamina D con la edad, y a personas con obesidad, incluso aquellas con exposición solar adecuada, ya que la vitamina D es de naturaleza grasa y puede quedar “atrapada” en las células grasas, disminuyendo los niveles de vitamina D disponibles. También los pacientes con enfermedades crónicas cuyos tratamientos interfieren en su metabolismo. Además, los bebés, por su baja o nula exposición al sol y su dieta exclusiva también están en el grupo de afectados. Y por último, quienes por el estilo de vida y trabajo tienen baja exposición solar.

Consecuencias

La vitamina D es un micronutriente fundamental para el mantenimiento general de la salud. Más allá de su papel en la salud ósea y muscular, la vitamina D fortalece y regula el sistema inmunitario favoreciendo la síntesis de ciertas sustancias antimicrobianas y modulando la función de las células de defensa.

La doctora Begoña Ortiz Santodomingo, directora del Área Científica de Farmasierra, explica que “hay una importante relación entre déficit de vitamina D y otras patologías como desórdenes cardiovasculares (hipertensión o infarto de miocardio), cáncer (colon, próstata o mama), enfermedad celiaca, diabetes mellitus, complicaciones en el embarazo y parto, procesos inflamatorios…entre otras”.

La exposición solar controlada es una herramienta esencial para mejorar los niveles de vitamina D. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que una exposición directa de 10 a 15 minutos en brazos y cara, tres veces por semana, puede ser suficiente para cubrir gran parte de las necesidades en muchas personas. Es importante adaptar estos tiempos al fototipo, la estación y evitando siempre las quemaduras con la fotoprotección adecuada.

La alimentación es el segundo pilar. El pescado azul (salmón, caballa, sardina, arenque) de dos a tres veces por semana, así como huevos y lácteos fortificados son fuentes de vitamina D. Dado que esta vitamina es liposoluble, su absorción mejora si se ingiere junto con grasas saludables.

Por último, la suplementación es el tercer elemento, especialmente en grupos de riesgo o en invierno. Lo recomendable es consultar con un profesional sanitario para valorar el nivel de vitamina necesario de forma individualizada.