A poco más de media hora de Gasteiz, nos encontramos con una ruta que, además de tener unas vistas espectaculares desde la cima del Txulato, nos da la posibilidad de adentrarnos en la historia medieval con la visita a dos castillos, el de Ocio y el de Portilla.
DATOS PRINCIPALES
· Kilómetros: 16,04 km
· Desnivel positivo: 680+
· Duración: corriendo 2:15h / Caminar - correr: 3:00h / Senderismo 4:00h
LLEGADA AL PUNTO DE PARTIDA
· Desde Vitoria, salimos por la parte sur de la ciudad con idea de coger la N-1 dirección Burgos, cogiendo la salida 325 dirección Laguardia. Ya en la carretera N-124 tomamos la salida A-3126 dirección Zambrana. Atravesamos la pequeña localidad para seguir por la misma carretera hasta llegar a Ocio.
· Desde Pamplona, salimos por la parte oeste de la ciudad para por medio de A-15 llegar hasta Alsasua. Allí mismo nos incorporamos a la N-1 que viene desde Donostia para seguir con destino Madrid. Ahora ya seguimos los pasos del punto anterior
· Desde Donostia saliendo por la parte sur de la ciudad tomamos la N-1 sentido Madrid. Pasamos Alsasua, Vitoria y por la N-124 primero y por la A-3126 después llegamos a Ocio
· Desde Bilbao, saliendo por la parte sur por medio de la AP-68 llegamos a Zambrana donde por la N-124 primero y por la A-3126 después llegamos a Ocio.
DESCRIPCIÓN
Salimos de Ocio temprano, cuando el pueblo todavía estaba envuelto en ese silencio que solo tienen los lugares pequeños a primera hora. El aire era fresco, pero no frío, y una niebla ligera cubría el fondo del valle del Inglares como si alguien hubiera extendido una sábana fina sobre los campos. No soplaba nada de viento, ni una brizna, y eso ya nos daba buenas sensaciones a Ruth y a mí. Iba a ser un día tranquilo, perfecto para caminar sin prisas. Antes de empezar a ganar altura, echamos un vistazo al Castillo de Ocio, que vigila el pueblo desde un espolón rocoso. Aunque hoy solo queden restos, fue una fortaleza importante en la Edad Media, parte del sistema defensivo que protegía el valle y controlaba el paso hacia la Rioja Alavesa.
El camino hacia Berganzo arranca suave, siguiendo senderos que conectan ambos pueblos desde hace siglos. Es un tramo agradable, perfecto para entrar en calor mientras la niebla empieza a levantarse poco a poco. El silencio del valle, la humedad del amanecer y la luz que poco a poco va aumentando en intensidad crean un ambiente casi íntimo. Berganzo aparece tranquilo, como siempre. Lo bordeamos y seguimos avanzando hacia la ermita, que se alza discreta entre prados. Es un lugar sencillo, pero con historia: durante generaciones fue punto de reunión, de romerías y de paso para pastores que cruzaban estos montes.
Justo al dejar atrás Berganzo, previo paso por el puente que cruza el río Inglares, el camino que nos encontramos, al salir de la modesta localidad alavesa, nos recibe con un primer repecho corto pero matón, de esos que te hacen notar que las piernas aún están despertando. Superado ese pequeño muro, entramos en un tramo completamente distinto. Un ascenso suave entre árboles, constante pero amable, perfecto para coger ritmo.
El bosque nos envuelve con su humedad tranquila y la niebla ligera de primera hora ya prácticamente no existe dejando pasar los primeros rayos de sol. Caminamos a gusto, comentando lo bien que se está y lo bonito que es este tramo, sabiendo que más adelante llegará la subida potente de verdad hacia Txulato. Tras ese tramo amable, el terreno cambia. La pendiente se vuelve más seria, más directa. Es una subida continua que se guarda lo peor para el final. No es técnica, pero sí exigente. Las piernas trabajan, el pulso sube y la conversación se vuelve más intermitente. Ruth marca un ritmo firme, yo la sigo, y poco a poco vamos ganando altura.
CONSEJOS PARA REALIZAR ESTA RUTA
Hidratación. Tendremos que ir bien aprovisionados de agua ya que excepto en Ocio y Berganzo no disponemos de fuentes de agua.
Calzado. Recomendamos un calzado capaz de adecuarse a diferentes terrenos ya que se nos presenta un poco de pista, sendero, algo de piedra. Puede haber barro en ciertos tramos si la lluvia hace acto de presencia.
Dificultad. Dificultad moderada por longitud del recorrido, siempre se puede acortar no subiendo a Txulato, fácil por el desnivel salvado, casi 700 metros positivos.
Cuando por fin terminamos de subir ese duro cortafuegos, al girar en una cornisa, con Ocio y Berganzo de nuevo a la vista, oteamos la cima, la sensación es de recompensa. Txulato (946m.) no es una montaña famosa, pero tiene presencia. Su posición, dominando el valle del Inglares, la convirtió durante siglos en un punto de referencia para pastores y viajeros. Desde arriba se entiende por qué: el paisaje se abre en todas direcciones, y con el día despejado que tenemos, las vistas son espectaculares. Una campana que por supuesto hacemos sonar, un buzón metálico nos aguarda en la cumbre, así como otra curiosidad, una replica del Toro de Oro, que según cuenta la leyenda guarda un tesoro escondido desde el lugar donde se divisen los siete ríos que atraviesan estos parajes. Un apunte, desde aquí vemos seis de ellos.
UN CASTILLO CON HISTORIA
El descenso desde Txulato tras bajar el tramo duro que previamente habíamos ascendido es cómodo, alternando senderos y tramos más abiertos. A medida que bajamos, aparece ante nosotros la silueta del Castillo de Portilla, encaramado en lo alto de otro espolón rocoso. Y aquí sí que la historia pesa. El castillo fue uno de los bastiones más importantes del Reino de Navarra en su frontera occidental. Construido en el siglo XI, controlaba el paso entre los valles del Inglares y el Ebro. Fue escenario de disputas entre Navarra y Castilla, cambió de manos varias veces y llegó a ser sede de la realeza. En el siglo XIII, tras la conquista castellana, siguió siendo un punto estratégico, reforzado y ampliado. Finalmente quedó abandonado en el XVI, pero sus ruinas aún conservan una fuerza impresionante.
La subida final al castillo es corta pero intensa. El sendero serpentea entre rocas y vegetación baja, y aunque no es difícil, obliga a prestar atención. Cuando llegamos arriba, el silencio es absoluto. Solo nosotros, los muros desgastados y un paisaje que parece sacado de otra época. Dentro del recinto aún se distinguen restos de la torre del homenaje, parte de la muralla y varias estancias. Es fácil imaginar cómo sería la vida aquí arriba: guardias vigilando el valle, mensajeros entrando y saliendo, hogueras encendidas en noches frías. Hoy solo quedan piedras, pero cuentan más de lo que parece.
La vuelta desde el castillo hacia Ocio es más suave. El terreno desciende de forma progresiva, alternando pistas y senderos. Vamos charlando, recordando momentos de la ruta, comentando la subida a Txulato y lo impresionante del castillo. El cansancio aparece, pero del bueno: ese que te dice que has hecho algo que merece la pena. Cuando entramos de nuevo en Ocio, el pueblo sigue con su ritmo tranquilo. El coche está donde lo dejamos, impasible. Nosotros, en cambio, volvemos con la sensación de haber hecho una ruta completa: paisaje, historia, niebla, dos buenas subidas y un castillo que parece sacado de otra época. Un día redondo, sin más.
PLANES ALTERNATIVOS
Aquí presentamos un par de opciones extras con las que completar nuestra jornada de montaña:
· Visita a Sajazarra: se trata de un bonito pueblo de la Rioja Alta, en la comarca de Haro, en torno a la confluencia de los ríos Aguanal y Ea. Envuelto en un paisaje de extensos viñedos y otros cultivos se entremezclan edificios de un alto valor arquitectónico y cultural, que sorprenderán con sus secretos. Su larga historia ligada al vino será conocida a lo largo del mundo gracias a la reciente acreditación del municipio como uno de los Pueblos más Bonitos de España. No perderse su puerta del Arco, la iglesia, el arte contemporáneo por sus calles y el castillo.
· Saliendo de la montaña tenemos un par de núcleos urbanos pequeños pero muy recomendables que son pueblos medievales. Peñacerrada, del cual destaca su muralla, el museo etnográfico al aire libre y el museo/iglesia de la Nuestra Señora de Asunción. También merece una visita la panadería situada en la parte baja del pueblo, muy cercana a la carretera general, especialidad en pan y magdalenas. El otro es la también villa medieval de Salinillas de Buradón, donde podemos disfrutar además de su muralla, de edificios emblemáticos dentro de su precioso casco histórico como son el palacio de los Condes de Oñate, los restos del antiguo hospital de Santa Ana y como no la iglesia de la Inmaculada Concepción fechada en el siglo XVI.
Por último reseñar que en los tres pueblos disponemos de lugares para comer y descansar.