HAY tesoros que permanecen ocultos a simple vista. Es ese el caso de la vidriera de la Virgen de Begoña cuya réplica podrán conseguir los lectores de DEIA coleccionando los cupones de los días 23, 24 y 25 en las cartillas que se publicarán este domingo y el lunes y por solo 13,50 euros o 16,95 euros con peana. Esta cristalera es la única de la basílica de Begoña en la que aparece la Amatxu, pero el público no la puede ver, puesto que está situada en una ventana de la sacristía.
El historiador del arte Jesús Muñiz publicó en 2013, junto a DEIA, el libro titulado Begoña. Historia, arte y devoción, por lo que es un gran conocedor de las joyas que alberga la basílica. “Se perdió mucho patrimonio de Begoña en el siglo XIX, porque lo que aparece en los inventarios de los siglos XVI y XVIII ha desaparecido”, se lamenta.
La cristalera reproducida por DEIA está situada en la sacristía, un lugar al que Muñiz endosa más antigüedad de la que se creía: “La sacristía es un recinto del s. XVII. La propia web de la basílica decía que estaba hecha en una reforma del s. XX, pero no es cierto. En una vidriera aparecen dos años, 1900 y 1903, y alguien interpretó que esos eran los años en los que se hizo la sacristía”. Lo cierto es que existe documentación de obras en los años veinte, pero la estructura es barroca y “está documentado que se hizo en el s. XVII por un arquitecto llamado Martín de Zalbidea, que hizo varios conventos en Bilbao”. En los años veinte se instaló la cajonería, donada por una particular, Ángela Requena de Buj, y en 1929 se terminaron las pinturas de Miguel Marañón.
En cuanto a la vidriera, Jesús Muñiz explica que fue realizada por la empresa bilbaina Vidrieras de Arte y, aunque se desconoce el año exacto, él estima que se colocó a mediados del s. XX: “Por el estilo, por cómo están sintetizados los motivos del marco de la vidriera. Son muy esquemáticos y eso suele darse en los años cincuenta o sesenta”.
En la vidriera se puede ver a la Virgen de Begoña con una flor en la mano. Esto contrasta con la talla que preside la basílica, puesto que la figura lleva un fruto. “La flor representa la virginidad y el fruto, la fecundidad”, explica Muñiz. “No está claro cuál era el objeto que sujetaba la Virgen originariamente en la mano derecha de la talla”. La última restauración a la que se sometió la Amatxu fue en 1995: “Se le quitó la mano que tenía, que no era la original. Se discutió cuál podía haber sido la posición de la mano original y qué sostenía. Hay grabados desde el s. XVII y alguna pintura. En el grabado más antiguo no se distingue y en el primero que se ve algo, en una miniatura que aparece en una genealogía de una familia bilbaina, se ve que la Virgen lleva en la mano un fruto alargado, como una pera. En la siguiente pintura aparece con una flor y a partir de ahí casi siempre aparece con flores”. Así pues, la talla tiene en la actualidad un fruto en su mano, “aunque nos queda la duda de si realmente esa miniatura fue fiel al original o hubo algo de inventiva, pero es la referencia más antigua que se conoce”.