Jon Rahm acabó la cita del LIV en Adelaida como actor de reparto en la primera gran historia que ha generado el circuito saudí en sus primeros cinco años y el golf en general. El jugador de Barrika arrancó la jornada igualado con Bryson DeChambeau con cinco golpes de ventaja sobre Anthony Kim. Parecía improbable que la victoria no fuera para una de las dos grandes estrellas porque debían fallar los dos y que el estadounidense tuviera un día excelso. Pues ocurrió y Kim, ajeno a la presión, logró su primer triunfo como profesional desde 2010 para completar un guion de redención que emocionó a todos en The Grange, incluido sus propios rivales.
El primero que abrió la puerta fue DeChambeau con cuatro bogeys en los primeros seis hoyos. Para entonces, Rahm había logrado ya un birdie y amasaba una ventaja en el liderato de cuatro golpes que debería haber sido suficiente. Sin embargo, su juego no le acompañaba desde el tee, con demasiadas bolas que acababan fuera de posición y limitaban sus opciones. Esos problemas se manifestaron en toda su crudeza en los cuatro pares 5 a los que no pudo robar ningún golpe. Varios jugadores se pusieron a la estela del barrikoztarra, pero quien olió la sangre fue Anthony Kim, que se lanzó a por la victoria a golpe de birdies y con cuatro entre el 12 y el 15 asestó el golpe definitivo a Rahm, que ni dejaba las bolas a distancias factibles ni metía putts para compensar.
En el 16, hizo su segundo birdie del día, un botín muy escaso para una jornada decisiva, para tratar de presionar a Kim. Pero este respondió con su noveno birdie en el 17 para jugar el 18 en loor de multitudes y firmar, ya con 40 años y tras haber arrastrado un pasado oscuro, el primer capítulo del resto de su carrera y de su vida. Rahm se resignó a otro segundo puesto, mucho más amargo que el logrado en Riad porque tuvo el triunfo en su mano. Tras dos citas del LIV en 2026, ya es líder de la clasificación individual y sigue escalando en el ranking mundial tras asistir desde muy cerca a una parte de la historia del golf.