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La huelga de los médicos

Debemos empezar este artículo felicitando a la Ministra de Sanidad y demás miembros del Gobierno concernidos por la brillante gestión del hantavirus y reprochar la politización poco virtuosa de quien obsesivamente busca fisuras en el desarrollo de la crisis recurriendo a pretendidos expertos (es curioso cómo afloran los expertos en episodios de esta naturaleza).

No obstante lo anterior y en el nuevo Estatuto Marco regulador de las profesiones sanitarias, se manifiesta el dogmatismo igualitarista de la Ministra de Sanidad ignorando la regulación de un estatuto propio de los médicos, lo que ha provocado la convocatoria de una huelga de los que, en el ámbito sanitario, diagnostican la enfermedad, establecen las terapias y realizan las intervenciones quirúrgicas, afirmación que hago, sin menoscabo y absoluto respeto, al resto de profesiones sanitarias.

No es nueva la existencia de un Estatuto Jurídico del personal médico, existió hasta el año 2003. Lo mismo ocurrió con la aprobación del Estatuto de los Trabajadores y la exclusión de los facultativos de la negociación por los Comités de Empresa de los Convenios Colectivos manteniéndose un Estatuto Marco específico para los facultativos bajo la siguiente invocación: “Trátenme como un alto ejecutivo de una empresa de salud pública y páguenme dignamente a tenor de mis conocimientos, destrezas y de la alta responsabilidad que ejercito”.

Los médicos tienen que superar un periodo de formación que comprende un periodo de once años: seis de carrera en la Facultad, y cinco de MIR... No son muchos los que tienen la capacidad y vocación necesarias para estudiar tanto.

El hecho de ser pocos, determina otra consecuencia que justifica todavía más la necesidad de que los médicos cuenten con un estatuto propio: el hospital tiene que funcionar 24 horas al día. Los enfermeros, los auxiliares y los celadores pueden organizar su trabajo en turnos de ocho horas. Los médicos, no, porque no son suficientes. Por eso se organizan las guardias de 24 horas. Nuestros médicos hacen su jornada ordinaria, y, además, con carácter obligatorio hasta los 55 años, por lo menos una vez a la semana, guardias de 24 horas. Y no se trata de unas guardias meramente presenciales. En la mayoría de las ocasiones, tienen que tomar decisiones difíciles.

Por si fuera poco, estas guardias se consideran ‘horas complementarias’; si se considerasen lo que verdaderamente son, horas extraordinarias, no habría dinero para pagarlas. Se pagan menos que las horas normales, y no les computa ni a efectos de cotización y jubilación, ni a efectos de cumplimiento de la jornada normal. Esperemos que este sea uno de los aspectos que pueda ser objeto de una negociación efectiva y no tramposa.

Lo que necesitan los médicos es que cada día las ratios médico/paciente (carga de trabajo) no se multipliquen por dos o por tres…sin ninguna compensación ni económica ni en tiempo libre.

Lo que no necesitan los médicos es que esta situación haga imposible que los profesionales puedan desarrollar, si así lo deseasen, una carrera universitaria, que comienza adquiriendo la condición de doctor, pues es imposible dedicar un tiempo a la investigación con este panorama de carga asistencial.

Lo que no necesitan los médicos es que las guardias no se paguen a un precio-hora de las categorías profesionales menos remuneradas en lugar de ser consideradas como horas extraordinarias. Lo que no necesitan los médicos es que los programas teóricos de las especialidades MIR, no se estén cumpliendo y en las evaluaciones de fin de año se estén “pasando” como realizados.

No todos son iguales dentro del sistema

El servicio público de la Sanidad funciona porque todos trabajan coordinadamente, y con eficacia. Pero el que todos sean necesarios, no quiere decir que todos sean iguales. A unos se les exige más formación que a otros; y unos asumen más responsabilidades que otros. Cuando una persona tiene que entrar como paciente en un quirófano, los familiares preguntan el nombre del cirujano, y quizás el del anestesista. Y, si algo sale mal, el responsable es el médico. A cada grupo de trabajadores hay que tratarlo con justicia.

La igualdad, es un concepto jurídico constitucionalizado (arts. 9 y 14 de la CE) pero que la propia jurisprudencia constitucional ha separado del igualitarismo o de la uniformidad, concepto castrense.

El principio de igualdad es un principio general del Derecho de la Unión Europea que, como el propio Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha reconocido, se encuentra consagrado en todas las constituciones europeas. Constituye un principio fundamental del Derecho de la Unión y se encuentra asimismo incorporado en la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

Cuando hablamos de la igualdad, debemos entender que ella funciona desde un punto de vista analítico; ya que no puede tenerse por cierta en un plano descriptivo. La afirmación: “todos los hombres son iguales” resulta naturalmente falsa (pues de naturaleza somos diferentes). Así, tampoco es cierta la afirmación en un plano normativo, ya que decir: “la ley debe tratar igualmente a todos” es asimismo falaz si se considera que, por sus especiales circunstancias, hay personas que merecen un trato diferente. Piénsese, a modo de ejemplo, en los adultos mayores, los niños o las mujeres embarazadas. De ahí que haya que atender a lo analítico, es decir, interpretar el principio de igualdad conforme a las gradaciones que admiten nuestras propias diferencias. La otra cara del derecho a la igualdad es, entonces, el derecho a la diferencia.

Equiparación económica

La igualdad no puede ser cierta, tampoco, en términos de igual equiparación económica porque tal supuesto es en sí mismo irrazonable y violenta legítimos beneficios que se obtienen del trabajo o de la habilidad para crear emprendimientos. La aspiración de cierta doctrina política de que ocurra tal igualación no es más que una interpretación desencajada de la propia naturaleza humana. Es más, desconocer este supuesto crea un sistema en que el trabajo se infravalora, siendo que, además, desconoce la individualidad del ser humano. Ello, por cierto, no obstaculiza a que las personas, seres naturalmente sociales, puedan contribuir con los destinos de la comunidad que integran. Los conceptos no son oponibles si se entiende que la naturaleza del individuo y de la comunidad no se yuxtaponen, sino que se complementan. Una comunidad que anula o devora los derechos individuales es un régimen predatorio.

Ya George Orwell en su novela Animal Farm afirmaba a través del cerdo Napoleón que “all animals are equal , but some animals are more equal than others”.

Pues eso, una cosa son las reflexiones de Orwell que no validan un igualitarismo contrario a la propia naturaleza humana. Menos mal que el Gobierno Vasco está intentando corregir lo que competencialmente puede.

Jurista