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¿Hacia el fin de la Pax Americana?

07.01.2021 | 01:18
¿Hacia el fin de la Pax Americana?

LLEVAMOS 75 años viviendo en lo que sus diseñadores pomposamente llamaron Pax Americana.

Con este título egregio los arquitectos del sistema de posguerra pretendían asumir el lustre de las anteriores Pax Romana, Pax Britannica€ que casi nunca fueron periodos muy largos de paz, pero sí permitieron la pervivencia de longevos y extendidos imperios. Pero esta Pax sí ha sido longeva y a escala global y, si obviamos algunos enfrentamientos encubiertos by proxy con la extinta URSS y después con algunos países como Irak y Afganistán ha permitido la ausencia de grandes conflictos más duradera que se recuerda en Europa y las Américas.

Sin embargo, puede que ahora esa Pax Americana esté en peligro y no por un conflicto externo, sino por un conflicto civil que haga implosionar la propia metrópoli del imperio.

En los EE.UU. hemos podido observar la más virulenta y sucia campaña presidencial de que se tiene memoria. Hoy esa otrora anodina guerra electoral, (que como una vez me dijo un ruso de la era soviética a ellos les parecía similar a una elección entre la Coca- Cola y la Pepsi€) ha devenido más oscura y siniestra que nunca y la división en la que ha sumido a aquella sociedad no augura nada bueno.

Sabemos que tras el largo periodo del "civil unrest", con un 80% de los votantes de Trump pensando hoy que "les" han robado la elección, con decenas de millones de armas en la calle compradas a lo largo de este año y con unas redes sociales cuyos algoritmos lanzan mensajes incesantes que juegan a confortar y potenciar las ideas presumidas de sus destinatarios, obvia las contrarias y así radicalizarlos, muchas cosas pueden ocurrir por mucho que la solidez, enraizada en la historia, del régimen constitucional americano parezca garantizar lo contrario.

Todas las informaciones indican que la resistencia numantina de Trump ha llegado a su fin. El día 15 el Colegio Electoral se reunió y presuntamente concedió 306 votos electorales a Biden (superior a los 270 requeridos, su fiscal general Barr dimitió por discrepancias sobre la existencia del supuesto fraude electoral, el Tribunal Supremo rechazó la reclamación sobre el mismo tema de Texas, a la que se sumaron luego otros estados, que le pedía que descartara los resultados en 4 estados; Georgia, Michigan, Pensilvania y Wisconsin en los que había ganado en 2016 y, sobre todo, todos los medios mainstream lo han vuelto a declarar inequívocamente como perdedor€ por enésima vez desde el 3-N.

El presidente Trump es un personaje histriónico, de dudosa trayectoria moral y vital, acusado constantemente de misoginia y racismo y de movilizar populistamente al extremo más anti establishment del Partido Republicano, pero ha tenido una presidencia bastante aceptable para muchos en su país, ya que ha velado siempre en prioridad por sus intereses: "let's make America great again" fue su consigna y ha sido consecuente con ella tanto en sus exigencias de contraprestaciones a sus aliados, como en su control de los flujos de inmigración ilegales, o, sobre todo, en su confrontación con China, país que ya ha superado a los EE.UU. en muchos aspectos y es, además, su gran acreedor y mayor amenaza. Desde una concepción humanista, ha sido consecuente con lo que prometió al defender el derecho de los no nacidos a la vida por todos los medios a su alcance, incluidos el rechazo al sumo sacerdote eugenésico, Planned Parenthood (quien se apresuró a felicitar a Biden por su elección), con las nominaciones claves al Tribunal Supremo para revertir el antiguo dominio pro abortista desde los tiempos del Roe vs. Wae de 1973 y combatiendo la pederastia como ningún otro presidente reciente. También se ha declarado contrario a la globalización sin freno, que equipara al antipatriotismo y a la ideología de género. Es el primer presidente en muchas décadas que no ha declarado ninguna guerra, lo que molesta mucho al poderoso complejo militar-industrial. Por ello muchas y diversas fuerzas del Establishment le han declarado la guerra a muerte. Si antes era un outsider al que había que frenar por temor a una radicalización de la clase media y baja blanca, en proceso de ninguneo y empobrecimiento, frente al nuevo dominio numérico de las minorías tan caro a Harvard, ahora era nada menos que el POTUS, el Presidente con un gran poder.

La campaña contra él ha sido incesante y encarnizada: la acusación de la trama rusa, el descalabro de sus hombres de confianza como el General Flynn, el intento de impeachment, los tremendos disturbios por la muerte de un hombre de color, el rechazo a los pilares de la tradición unido al derribo de los padres del país y por fin el covid... crisis utilizada en su contra desde el inicio en la que posiblemente su enfoque inicial de "business as usual" ha sido equivocado, aunque él mantenga, de forma no muy creíble, que se han exagerado las cifras de muertos por el covid para hundir su buena gestión económica y una de las mejores etapas de crecimiento de los últimos tiempos.

Fue muy curioso que todos los grandes medios anunciaran sondeos con una aplastante debacle e inusual derrota de un Presidente en ejercicio desde meses antes de la elección y que publicaran su derrota cuando ésta aún no estaba confirmada y había denuncias de fraude electoral que esos mismos medios, erigiéndose en juez y parte, declaraban inmediatamente como infundadas€ En realidad toda esta campaña mediática no ha servido sino para reforzarle en lo que yo llamaría una "propaganda a contrario". Lo mismo que sirvió para elegirle. Sobre todo, sobre un amplio sector de la población que añora la era de dominio "wasp" (aunque no lo sean, desean equiparárseles) que llevó a aquel imperio a crearse y creerse su "manifest destiny". Esto, paradójicamente, le ha dado muchos votos y de la misma manera que le ha generado millones de enemigos mortales sobre todo entre los partidarios de la "Open Society", le ha creado seguidores incondicionales y le ha procurado más de 70 millones de votos, mayormente presenciales.

La situación es muy compleja, Trump viene diciendo desde antes de las elecciones que habría fraude en el voto por correo, pero en ese caso, ¿por qué no hizo nada por impedirlo antes? Las redes sociales le censuran o apostillan críticamente sus twitters. ¿Por qué no contraataca legalmente?

Para muchos católicos, la situación es también de perplejidad. Por un lado, algunos quizás se regocijen de que Biden sería el 2º presidente católico de la historia tras Kennedy, pero, por otro, el candidato más provida y familia tradicional es un no católico, de vida poco ejemplar pero que, por conversión o por conveniencia, defiende estas causas. La propia Iglesia está muy dividida y, mientras hay cardenales que piden que no se dé la comunión a Biden, y algunos, como el ex nuncio Vigano, incluso exaltan a Trump como adalid de las fuerzas de la luz contra el Anticristo en ciernes, otros apoyan decididamente a Biden ya que los católicos tradicionales han votado Demócrata como oposición a los "wasp" y aplicando la doctrina de la "túnica inconsútil" que elaboró el Cardenal arzobispo de Chicago Bernardin a principios de los 80, que supone votar por un todo, por un pack de políticas sociales "progresistas" e "inclusivas" aunque en ellas haya que incluir el aborto, la ideología de género€ y las que vendrán como la eutanasia. Sería interesante saber lo que piensa el Papa Francisco.

Pero aún más que estas serias disputas morales, lo que más debiera preocuparnos son las consecuencias de esta disputa si Trump, que muchas veces va de bluf, pero no es precisamente pusilánime, no concede la derrota y, como dice su abogada Jenna Ellis ("the fight is not over"), siguiera luchando contra viento y marea "sin importar lo que ocurra en enero" o trayéndonos algún regalo sorpresa de Reyes. De momento va perdiendo todas las batallas contra los fraudes que alega y que él declara masivos (votos de no residentes, de muertos, votos de una persona en varios estados, sacas con 100% de votos a favor de un candidato, impedimentos a los controladores republicanos, desvío de 2-3% en las cifras de votos a favor de Biden en los lugares donde se usó el sistema de recuento de Dominion€) Pero ni siquiera la amenaza de destapar al kraken que hizo su defensora estrella Sydney Powell ha servido para que los tribunales acepten sus denuncias. ¿Qué le queda? Hay muy pocos medios que le apoyan e incluso la Fox le retiró el micro. Le defienden ya tan solo algunos medios minúsculos hasta ahora desconocidos pero que han saltado a la palestra como Epoch Times, que airea un vídeo, "Who's stealing America", y publicó la irreal petición de la abogada Powell de que cada máquina para votar sea analizada forensemente€ ¡No se rinden!

Las vías legales y constitucionales para las que tal vez podría contar con un apoyo del Tribunal Supremo se han ido extinguiendo, pero hace un par de años firmó una orden ejecutiva que le permitiría actuar en caso de injerencia extranjera (¿China? ¿Venezuela? ¿Irán?) incluso declarando la ley marcial, aunque esto sería interpretado universalmente como un autogolpe de Estado a la Fujimori. Hubo incluso una carta circulando a la firma pidiéndole que invoque la "Insurrection Act" de 1807 por lo que el ex speaker Newt Gingrich ha llamado el mayor robo electoral desde 1824, o que si no "se arriesgue a la pérdida de la Republica" causada por extranjeros y "oligarcas sin ley". Incluso llegan a la barbaridad de incitarle a pedir el apoyo de los militares. El 40% de la población–dicen– considera que Biden no ganó las elecciones. Eso sería nada menos que un golpe militar con la excusa del fraude electoral. Sería nefasto y haría descender a los EE.UU. a nivel de república bananera. Además, como en el campo opuesto algunos exaltados llegaron a pedir que se quitara a Trump por la vía que fuese, una acción así podría desembocar rápidamente en una guerra civil. Otros, en ambos campos, habían preconizado incluso una secesión de "sus" estados –California, por un lado y Texas y otros sureños, por otro– en caso de ganar el contrario.

Afortunadamente EE.UU. es un país con instituciones muy sólidas y no creo que Trump, que es un hombre inteligente se atreva a nada de eso. Además, últimamente parece muy callado. Algunos que se dicen bien informados afirman que hay algún elemento en su contra que le atenaza y le impide actuar y esa riccatabilità, (bello termino italiano que alude a los puntos obscuros por los que se puede chantajear a todos aquellos a los que se les permite ser algo hoy día), le mantiene inmóvil€

Pero, incluso si se ve obligado a aceptar el resultado tan querido por el Sistema, ¿qué podría pasar?: ¿Se erigirá en líder de una oposición a muerte?, ¿Llegara a volver a presentarse en 2024 como ha anunciado?, ¿Fomentará algún tipo de fractura que, si se cree y hace creer a muchos otros en lo que dice, podría ser quizás la más aguda que nunca ha conocido este país desde la Guerra de Secesión?, ¿Llevará a su país a un conflicto civil serio si juzga que ha caído víctima de las maquinaciones chinas con las complicidades quintacolumnistas adecuadas? Rockefeller dijo una vez que el modelo chino le gustaba. Muchísimos norteamericanos se sienten cotidianamente agredidos y hartos hasta extremos de los que los medios no nos cuentan nada. Piensan que el culpabilizar constantemente a los occidentales por los males del tercer mundo y de los pobres y al Hombre por los problemas de la Tierra, en el fondo solo lo pueden promover gentes que odian a los occidentales y a la humanidad€

La gente prefiere más confortarse previendo futuras catástrofes, conspiraciones e incluso un terrible pero previsible y pautado Apocalipsis que estar en la angustia de la duda. Lo que menos soporta la naturaleza humana es la incertidumbre. Y para los inquietos y atemorizados ciudadanos occidentales en los que nos estamos convirtiendo en este estado de excepción, de shocks y de flujos continuos de bulos y contrabulos en que vivimos, resulta terrorífico pensar que a la presunta "Élite" le gusta un modelo comunista/hipercapitalista, que, para los más conspiranoicos, no son sino dos caras de la misma moneda, un régimen en el que los más poderosos y ricos podrían medrar y disfrutar sin el incordio de unas masas controladas sin ambages por el "Partido" con pan, fútbol y vacunas, cuyos números serían fuertemente reducidos por mor del clima, de la presunta escasez de recursos y de la salvaguarda del medioambiente planetario, cuya identidad sería en una primera fase anulada con el enmascaramiento anonimizante, cuyos movimientos estarían, después, vigilados por cámaras en cada esquina y el 5G, y cuya posible rebeldía se suprimiría de forma totalitaria. Es decir, la ejecución de un plan mundial de control, de manipulación constante y de destrucción maltusiana de la población que se ha dado en llamar el "Gran Reseteo". Se trata, - proclama el todopoderoso Dr. Schwab, presidente-fundador de Davos- de hacer un mundo "menos contaminante y destructivo, más inclusivo, equitativo y justo que en el que vivimos en la era prepandémica ". Pero para muchos estas loables intenciones esconden el susodicho plan globalista. Esto sí que será una verdadera revolución y, sin Trump, el camino parece quedar más expedito.

No sabemos que nos depararán los algoritmos que nos manipulan y hacen la guerra moderna. Es curioso que un ferviente anti Establishment como Trump sea un hijo del Sistema que inició sus operaciones inmobiliarias gracias a la fortuna de su rico padre. Entonces, si queremos que los pelos se nos pongan como escarpias podemos escuchar a los ultraconspiranoicos que dicen: ¿y si Trump no fuese más que una pieza clave de este Plan, una pinza de la tenaza, un actor del propio Sistema que finge estar contra él para destruir guerracivilistamente desde dentro el ultimo imperio que defendía la libertad de expresión, de creencia y de movimientos como normas incontrovertidas y sacrosantas? ¿O será el líder o la coartada de un golpe de estado global? Los verdaderos conspiradores son grandes amantes de crear cortinas de humo con una miríada de falsas conspiraciones para que nadie sepa nunca qué pensar o piense que todo es falso. Esta es la situación hoy en los EE. UU. Y para estos nuevos Malaquías, tanto Trump como Biden/Kamala podrían ser el último Cesar americano, el Rómulo Augústulo que liquidará la Pax Americana en la que todos aun vivimos dando paso al "Gran Hermano".

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