Tribuna abierta

España está que adoctrina

Es una paradoja que los portavoces de la existencia del adoctrinamiento sean la derecha y la ultraderecha, herederas y valedoras del franquismo, ejemplo paradigmático del mismo. Pero el peligro real está en los efectos devastadores de las 'fake news', la posverdad y los riesgos de la neurotecnología

27.02.2020 | 06:18

HAY que tener muy mal concepto de las personas -eso que llaman pesimismo antropológico- para creer que es posible adoctrinar a la gente en una sociedad abierta y de libertades básicas hasta el punto de dirigir su pensamiento y conducta en una dirección determinada mediante técnicas de instrucción, propaganda y psicología de masas. Hay que tener también muy mala historia. Pero muchos españoles lo afirman como un hecho actual, convencidos de que los ciudadanos son imbéciles, incluyendo ellos, supongo. ¿Realmente saben de lo que hablan?

Para que exista adoctrinamiento se tienen que dar las condiciones necesarias. En primer término, un régimen cerrado o aislado en el que no haya filtraciones desde el exterior. El sistema de adoctrinamiento es una asfixia, miedo e ignorancia del mundo. ¿En qué países o sociedades se dan estas circunstancias? Que sepamos, en Corea del Norte y en todas las sectas. Hay otras dictaduras en las que podría producirse parcialmente la manipulación, pero lo es por el ejercicio directo de violencia educativa, tanto más eficaz y duradera cuanto menor conciencia y rebelión interior exista. La información es el mejor enemigo del adoctrinamiento. En segundo lugar, el adoctrinamiento suele ser sistemático, permanente y totalizador.

Enseñar, educar, instruir y formar no producen adoctrinamiento si se realizan en espacios críticos, diversos e impartidos bajo la tutela de los padres y las autoridades democráticas. El adiestramiento mental, espiritual, cultural y emocional es parte del desarrollo humano y una necesidad de supervivencia y progreso. ¿Es adoctrinamiento la educación religiosa? Lo es, pero la religión es una opción de conocimiento que las familias -cada vez menos, por fortuna- consideran positiva para sus hijos; pero debe excluirse del sistema público y relegarse bajo control democrático a los centros privados. Es una excepción y no por mucho tiempo. No olvidemos que el adoctrinamiento se dirige a dos tipos de públicos: los niños y jóvenes en la educación y los adultos en la comunicación de masas.

Adoctrinamiento fallido La paradoja es que en España (en sí misma una paradoja histórica) los portavoces de la existencia del adoctrinamiento sean la derecha y la ultraderecha, herederas y valedoras del régimen franquista, ejemplo paradigmático de práctica de adoctrinamiento, toda vez que se sustentaba en cuatro pilares: los militares, la iglesia, el poder económico y el modelo familiar conservador. Eso dio lugar a un férreo sistema formativo e informativo donde curas, tricornios, maestros nacionales, uniformados y empresarios impartían doctrina coordinadamente en sus respectivos ámbitos. Durante décadas destrozaron la mente y el corazón de la gente.

No era solo la estúpida asignatura de Formación del Espíritu Nacional, FEN, a cargo de falangistas bobos y muertos de hambre, que produjo su propia descalificación ante los alumnos, por inútil y ridícula; era el sistema, en su conjunto, de conformar una sociedad de hombres y mujeres devotos, temerosos de la dictadura y a la vez agradecidos de su tutela, carentes de ideas propias y serviles al patrón y el tirano. Naturalmente, con los años, como también ocurrió en los países de tiranía soviética, aquello se vino abajo y solo el salvajismo policial pudo sostenerlo a duras penas hasta que el general murió de viejo y en la cama. Sí, cayó, pero el legado pasó al Partido Popular y Vox, los mismos que claman ahora contra un sedicioso adoctrinamiento y apuntan a los rebeldes de Catalunya, Euskadi y la izquierda gobernante. Que aquel sistema se prolongara durante cuarenta años es la medida de su resultado en el caudal de votos vergonzosamente franquistas.

¿Se acuerdan? Escuchar a los dirigentes de las fuerzas conservadoras del Estado -también algunos intelectuales en exceso narcisistas- atacar a Catalunya y su sistema educativo y medios de comunicación públicos es como regresar varias décadas atrás. En Euskadi nos acordamos de cuando se acusaba a las ikastolas de modelar a los niños en el odio a España y el separatismo. Allí se fabricaban terroristas y gente idiota y servil, vascos de boina a rosca, decían. A la luz de la diversidad ideológica existente en nuestro país, no parece que tuviera mucho éxito aquel proceso de presunto adoctrinamiento colectivo. Y no se compadece con el alto nivel de calidad de vida y desarrollo económico y social vasco de hoy. Lo que ocurre con las campañas de mentiras es que tardan años en disolverse, cuando la gente, preocupada y ocupada en su presente y futuro, ya ha olvidado.

Las mismas voces de entonces se revuelven contra los catalanes y su mayoría social nacionalista y progresista. Y al igual que con nosotros ponen el dedo acusador sobre la escuela y la universidad catalanas, la imposición de un idioma que conocen casi todos de familia y el escandaloso sesgo -claman, airados- de los medios de comunicación dependientes de la Generalitat. TV3, como ETB, y sus profesionales, tienen cuernos y rabo y son el mismísimo diablo rojo que roba el alma inocente y pura de pequeños y mayores. Y se lo creen, de Galicia a Andalucía, porque así se confortan del fracaso de España y su artificial e insostenible unidad de destino.

Franco dejó la sospecha hacia los rebeldes, fue su triunfo póstumo. Disentir en España lleva a la cárcel a los dirigentes del independentismo mayoritario catalán, presos políticos de una democracia leve. El Tribunal Supremo se ahorró la condena por adoctrinamiento, pero el juicio tuvo mucho de condena general de Catalunya y fue una impugnación demencial de sus instituciones y su sociedad.

Los peligros son otros Si hubieran afinado los jueces, en nombre de los conservadores que de todo lo nuevo tienen miedo y se asustan, su sentencia habría abarcado toda forma de pensamiento creativo y expresión, dejando en los extramuros de la ley a la publicidad, tan inofensiva, el marketing, los libros no devotos, la retórica, el cine, la música de pensar y cantar, así como la imaginación en todas sus versiones de búsqueda y ruptura. Pero el peligro real no está en el adoctrinamiento imposible en una comunidad permeable, crítica y diversa, de gente con conciencia de su identidad y libertad. El riesgo está en los efectos devastadores de las fake news, el ejercicio de la posverdad y los riesgos desconocidos de la neurotecnología. Advertía recientemente el catedrático de la Universidad de Columbia, Rafael Yuste, de lo que la neurotecnología ya es capaz de ver y hacer en nuestras mentes y reclamaba a los gobiernos de todo el mundo que creen y protejan unos "derechos de nuevo cuño, los neuroderechos": a la identidad personal, al libre albedrío, a la privacidad mental, al acceso equitativo a las tecnologías de aumentación y a la protección contra sesgos y la discriminación.

Si el adoctrinamiento busca crear adiciones mentales y emocionales, la neurotecnología en malas manos es el principio del fin de toda libertad. Por mi parte, aconsejo estas cinco reglas para salvar el tipo en el mundo actual: 1-No te creas nada nunca. El escepticismo es más necesario que nunca. 2-Diversifica tus fuentes informativas. 3-Las emociones y sentimientos presentan grietas a través de las que se cuelan la distorsión. 4-Desconfía de las soluciones fáciles, porque es más cierto lo complejo. 5-La información no es conocimiento, pues depende de tu libre criterio.

¿Quién da crédito al cuento de los curas? ¿Quién se fía del político cínico, el sectario de la radio y el contertulio charlatán? ¿Quién se traga sin indigestión un telediario entero? ¿Quién es tan tonto para dejarse llevar? No, no hay rastro de adoctrinamiento. Lo que hay es la nostalgia de los maestros nacionales del pin parental, obispos como Munilla, propagandistas como Jiménez Losantos y cuarteleros fachas con indisimulados deseos de dar un golpe de estado.
* Consultor de comunicación