Tribuna abierta

El escándalo de los dos Papas

Es triste que a estas alturas de la iglesia hable la jerarquía católica de absoluta imposibilidad de ordenar a la mujer como sacerdote. Que el celibato sea un tema que asusta sobre el que ningún Papa parece dispuesto a cambiar una coma de lo establecido por tradición

06.02.2020 | 06:23

LOS católicos echan la culpa de todo a Dios y creo que quizás sea cierto, pero lo Iglesia no tiene mucho tiempo de pensar en el futuro -más bien le importa poco-, aunque en mi serie favorita, El nuevo papa, John Malkovich, convertido en Juan Pablo III, dice pensativo: "Donde haya fragilidad, allí estará la Iglesia". ¿Realmente es frágil la Iglesia? No. Es como un muro inamovible que no se torcerá nunca por muy extrañas circunstancias que la rodeen. Los dos grandes pilares que intentan resquebrajar estas inexpugnables paredes han sido, y siguen siendo, más en el siglo XXI, el celibato y la presencia de la mujer dentro de la Iglesia.

En el siglo X había muchos sacerdotes y obispos que tenían esposa. La Iglesia católica hizo obligatorio el celibato sacerdotal en los concilios de Letrán de 1123 y 1139, celebrados en Roma. En aquellos años, con esta medida la Iglesia conservó el poder y los ingresos que hubiera perdido ya que los clérigos casados legaban propiedades de la Iglesia a sus hijos. El tiempo cambia las costumbres y el celibato -obligado por la misma Iglesia, que no parece querer ni pretender cambiar- no es un dogma. Para Dios, el tiempo es un minuto y debe de resultarle complicado entender a los hombres. ¿Qué opinará Dios de esta privación sexual natural? Una querencia que nada tiene de pecaminosa, pero que ha embadurnado con su obligatoriedad la moral de la Iglesia. Muchos de los grandes pecados y miserias se hubieran evitado si la Iglesia católica hubiera seguido creciendo con la naturalidad de los amigos de Jesús. La opción de celibato o no ha revolucionado a la Iglesia.

Dos Papas Todo ha empezado por un libro -Desde la profundidad de nuestro corazón- editado en Francia y escrito por el cardenal conservador Robert Sarah y el Papa emérito Benedicto XVI. El libro, publicado el 15 de enero por las editoriales francesas ultraconservadoras Fayerd y Ignatius Press, defiende la disciplina del celibato. "Hay un vínculo ontológico-sacramental entre el sacerdocio y el celibato". Esta cuestión del celibato ocupa 175 páginas del libro, con dos textos, uno del Papa emérito y otro del cardenal, junto a una introducción y una conclusión firmada por ambos. El cardenal Sarah afirma que "cualquier debilitamiento de este vínculo pondría en tela de juicio el magisterio del Concilio y de los papas Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. El escándalo ha llevado a Ratzinger a quitar su rostro de la portada. Aunque por mucho que se intenten lavar las palabras dichas, el texto se ha escrito a cuatro manos. El Papa Francisco no ha hecho ningún comentario sobre el libro. Por algo los italianos llaman a Francisco "párroco del mundo". Un párroco que ama la torpeza humana, la humildad, la pobreza y, desde el principio de su pontificado, ha intentado esclarecer las cuentas vaticanas, algo que quiso el Papa Luciani, quien pretendía también reformar la curia romana. Seguro que Francisco haría más cosas si le dejaran.

Me pregunto qué hay de verdad en la película Los dos Papas: un Papa que defiende la iglesia ortodoxa y otro que piensa, como jesuita, que la religión es evolución. Me quedo con frases sueltas: "Lo más difícil es escuchar", "Nada permanece estático, ni siquiera Dios" y? "Dios corrige a un Papa, dando al mundo otro Papa".

El sínodo sobre Amazonia El tema del celibato había saltado de nuevo a la actualidad después del sínodo de Amazonia celebrado en el último mes de octubre. Un importante número de obispos -tres cuartas partes de los participantes- firmaron un documento donde proponían establecer criterios y disposiciones, de parte de la autoridad competente, de ordenar sacerdotes a hombres casados, "idóneos y reconocidos de la sociedad, que tengan un diaconado permanente fecundo y reciban una formación adecuada para el presbiterado, pudiendo tener familia legítimamente constituida y estable, para sostener la vida de la comunidad cristiana mediante la predicación de la palabra y la celebración de los sacramentos en las zonas más remotas de la región amazónica".

La región del Amazonas abarca nueve países y treinta y cinco millones de católicos. Hay pueblos que no ven un cura en un año. El Papa Francisco ha manifestado en numerosas ocasiones que el celibato no se tocará durante su pontificado y que estaría dispuesto -como Pablo VI- a dar su vida por él. Aunque, antes de ser nombrado Papa, había manifestado que, "el celibato no es un dogma, es una tradición de la Iglesia, un reglamento y siempre tenemos la puerta abierta para cambiarlo".

El celibato es un tema que asusta, ningún Papa parece dispuesto a cambiar una coma de lo establecido por esa tradición.

En el sínodo de Amazonia también se trató del tema de la mujer en la Iglesia y la posibilidad de su ordenación sacerdotal.

El sínodo alemán Las dos cuestiones han quedado en el aire y sin que el Papa Francisco dé su opinión. Mientras, se prepara un sínodo alemán con las mismas cuestiones en su programa. El cardenal Reinhard Marx, presidente de la Conferencia Episcopal alemana, ha manifestado antes de la conferencia de prensa sobre la apertura de la sesión plenaria de Alemania, que el camino sinodal tiene el respaldo del Papa. "Tengo plena confianza de un camino juntos y acompasados por la publicidad del proceso. Antes que nada, nosotros somos Iglesia católica. Por supuesto que nosotros no podemos en Alemania emitir normas que no rigen para el resto de la Iglesia, aunque se pueden promover cambios en el Derecho Canónico, llevamos viendo eso desde los 70, se puede llevar legítimamente a un concilio, no está prohibido".

La mujer en la Iglesia El cardenal Marx ha expuesto la opinión de muchas mujeres "de nuestras parroquias que hacen presión, y es comprensible. Incluso en Roma hay diferentes posiciones, no hay una sola voz. La diferencia es que aquí se hacen públicas. Y desde luego no es un camino fácil de navegar".

Cuando se habla del sacerdocio de las mujeres, se trata como un asunto menor, pintoresco, exagerado y que, en palabras de la Iglesia católica, hace, por ejemplo, que la posibilidad de reencuentro con la Iglesia anglicana, que permite el sacerdocio femenino, haya disminuido.

Es triste que a estas alturas de la historia hable la jerarquía de la Iglesia de absoluta imposibilidad de ordenar a la mujer como sacerdote. Con argumentos tan peregrinos como que los apóstoles eran doce y los doce varones y la perogrullada de que el papel de la mujer en la Iglesia católica es fundamental pero no ha de ser ese "por el que se accede a la jerarquía y se entra en los órganos de decisión".

Y así seguimos. La mujer en la Iglesia sirve para encender velas, pasar el cepillo de limosnas, cantar como un papagayo en las misas, limpiar y planchar sotanas, bordar casullas, cocinar y, si la necesidad lo pide -así ha ocurrido durante muchos años- ser barragana del cura.

Ciertamente, por muchos sínodos y conclaves que se realicen dentro del seno eclesial, la Iglesia católica siempre será machista. Santo Tomas y San Agustín siempre han manifestado un claro rechazo a la mujer. Tomás de Aquino dijo sin ningún sonrojo que "la mujer es espiritual y corporalmente inferior y la inferioridad intelectual es el resultado de la corporal. Femina est mas occasionatus" (traducido: la mujer es un varón fallido).

La rabia me impide decir más cosas que pienso.
* Periodista y escritora