Tribuna abierta

Soberbia o negligencia

No es lo mismo ganar las elecciones que gobernar. Lo que ha sucedido en Cataluña en el último ciclo electoral, Congreso de los Diputados, Parlamento Europeo y municipales, ilustra bastante bien la afirmación anterior

09.02.2020 | 10:04

EN el primer caso, la victoria correspondió a ERC con 1.015.355 votos (el 24,5% del total) y 15 diputados; seguida del PSC, con 958.343 votos (23,1%) y 12 diputados, y de En Comú Podem (ECP, coalición que integra a Podemos), 614.738 votos (14,8%) y 7 diputados, los mismos que JxCat que obtuvo 477.096 (12,0%) y dos más que C's, 477.096 votos (11,5%). El PP y Vox, claramente marginales, sólo consiguieron un diputado cada uno por Cataluña (en la provincia de Barcelona).

En el segundo caso, la lista más votada fue la de JxCat -el factor simbólico de que la encabezara el president exiliado Carles Puigdemont no puede obviarse en este resultado- con 987.149 votos (el 28,4%). A continuación, la lista del PSC obtuvo 766.107 votos (22,1%); ERC, 733.401 (21,1%) y ya a bastante distancia C's con 298.781 (8,6%) y ECP con 292.088 votos (8,4%). De nuevo, los resultados del PP y Vox pueden considerarse marginales ya que la lista del primero apenas superó los 175.000 votos (5,2%) y la del segundo no llegó a los 70.000 (2,0%).

Por último, en las elecciones municipales la victoria fue de ERC con 813.828 votos (el 23,2%), seguida del PSC con 758.921 votos (21,6%) y, a bastante distancia, JxCat con 568.653 (16,2%). Todavía a mayor distancia ECP con 324.460 (9,2%) y C's con 291.679 (8,3%). La CUP obtuvo 175.987 votos (5,0%), mientras el PP sólo conseguía 161.735 votos (4,6%).

En resumen, el ciclo electoral puso de manifiesto que, sin duda, la fuerza política que sacó mejores resultados fue ERC, mientras el PSC recuperaba una presencia que hacía años había perdido y, claramente, se convertía en la segunda fuerza política. JxCat, dejando aparte los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo, denotaba un retroceso importante pero mucho menos que C's: hoy parece imposible que en diciembre de 2017 sacara 1.102.099 votos (el 25,3%) ya que ha sido incapaz de llegar al medio millón o incluso a los trescientos mil. ECP, en cambio, se mantiene en un discreto 3/4 lugar con tendencia a una moderada, pero persistente pérdida de votos. El PP simplemente desaparece del escenario electoral catalán y Vox no logra irrumpir de modo significativo.

¿Qué podemos deducir de este conjunto de resultados? En primer lugar, que las fuerzas independentistas, ERC+JxCat (+CUP) siguen disponiendo de la mayoría electoral (36,5% en las elecciones al Congreso de Diputados, 49,5% en las europeas y 48,6% en las municipales), pero al mismo tiempo se está produciendo un cambio de hegemonía en el independentismo a favor de ERC. En segundo lugar, el deslizamiento del independentismo desde el centro derecha al centro izquierda pone de relieve que se había dado por muerto demasiado pronto el tradicional eje derecha/izquierda ante el eje España/Cataluña. Además, para hacer el escenario más complejo, ERC tiene fronteras electorales con el PSC, la CUP e incluso con JxCat, mientras que el PSC las tiene con C's y con ERC. Resumiendo, los resultados electorales evidencian que el voto de los ciudadanos admite muchos más matices que la dicotomía independentista/constitucionalista -o unitarista- que machaconamente vienen repitiendo los medios de comunicación y algunos supuestos analistas.

Pero, además, como recordaba al principio, ganar las elecciones no es lo mismo que gobernar y, en este sentido, hay que destacar que el PSC ha sabido capitalizar al máximo unos resultados que inicialmente no parecían darle tantas posibilidades. Miquel Iceta, el líder socialista, ha sabido jugar muy bien sus cartas y las contradicciones -o la ingenuidad- de sus adversarios políticos. Así, el PSC gobierna hoy la segunda y la tercera (en presupuestos y proyección política) instituciones del país. En la segunda, el Ayuntamiento de Barcelona, comparte el gobierno al 50% con ECP que, tras quedar muy alejado de los resultados esperados y perder presencia municipal en algunas ciudades importantes, sólo disponía de Barcelona -la ciudad que con sus más de 1.650.000 habitantes concentra casi la cuarta parte de la población de Cataluña- para seguir teniendo visibilidad. Aunque ERC ganó en Barcelona por unos miles de votos, Ada Colau seguirá de alcaldesa cuatro años más en coalición de gobierno con el PSC y gracias también al apoyo de Manuel Valls, un profesional del transfuguismo que ha formado grupo propio, Barcelona pel Canvi, y ha roto la plataforma que había pactado con C's y que le permitió presentarse a las elecciones municipales. En la tercera, la Diputación de Barcelona, el PSC se ha hecho con la presidencia a través de la alcaldesa socialista de la segunda ciudad de Cataluña, Núria Marín, y con el apoyo de JxCat que, tras el descalabro municipal, sólo disponía, como le sucedía a ECP en el caso de la ciudad de Barcelona, de la Diputación para no perder totalmente ni poder ni visibilidad. Es cierto que ERC presidirá las diputaciones de Tarragona y Lleida y las respectivas capitales y JxCat la Diputación y el Ayuntamiento de Girona gracias al entendimiento y los acuerdos alcanzados por las dos fuerzas independentistas, pero no es menos cierto que con el pacto en la Diputación de Barcelona el PSC ha roto la columna vertebral de la supuesta unidad de acción de ERC y JxCat. Es, en definitiva, un mísil en la línea de flotación del independentismo con estrategias cada vez más distanciadas y en pugna por la hegemonía a la vista de unas previsibles elecciones al Parlament de Cataluña en la primavera de 2020.

Así pues, al margen de la sintonía o alejamiento que cada uno pueda tener con el PSC, hay que reconocer que Iceta ha sabido jugar con audacia e inteligencia para obtener unas cuotas de poder que por resultados no podía esperar y, al tiempo, ha castigado políticamente a su principal adversario, ERC, ahora que, con JxCat, ECP y C's a la baja y el PP en proceso de desaparición, parece que la principal batalla electoral y las mayorías en el futuro se dilucidarán entre la izquierda independentista y la izquierda no independentista. En suma, Iceta ha sabido jugar bien sus cartas, pacto con ECP en el Ayuntamiento de Barcelona y con JxCat en la Diputación.

Sin embargo, lo que en Iceta puede calificarse de audacia e inteligencia deriva en soberbia o negligencia en Pedro Sánchez. Puede que Unidas Podemos (UP), a pesar de sus casi cuatro millones de votos, no despierte simpatías en algunos sectores del socialismo y es probable que ERC todavía menos, pero Sánchez debería ser consciente de que sólo cuenta con 123 escaños. Le faltan, pues, nada menos que 53 para llegar a la mayoría absoluta. En estas circunstancias sólo tiene dos opciones: o mendigar el voto o la abstención de la derecha, lo que desvirtúa totalmente su supuesto discurso de izquierdas o progresista; o contar con los escaños de UP (42) y de ERC (15) o, en su defecto, de JxCat (7) y del PNV (6). Pero, sin duda, lo que no puede pretender es sumar los escaños de UP y de los independentistas sin ofrecer nada a cambio y negándose al diálogo. Esa actitud sólo se explica porque se ha abandonado cualquier referencia de izquierdas o, lo que sería peor, por soberbia o negligencia ya que apostarlo todo a una repetición de elecciones es como jugar a la ruleta rusa electoral y menospreciar las políticas pactistas tan frecuentes en las democracias consolidadas europeas.* Catedrático de Historia Contemporánea de la Universitat de Barcelona