EN los días universitarios, me tocó hacer un trabajo sobre "cánticos estudiantiles". Fue entonces cuando descubrí que el mal llamado Gaudeamus igitur era una pieza humorística en latín macarrónico atribuida a estudiantes alemanes. Dado el centro, la Universidad de Navarra, la profesora, Gloria Toranzo, y el momento: muy al principio de la década de los 70, aquello no podía acabar bien. Especialmente porque muchas coplillas de los siglos XVII, XVIII y XIX se las traían. Cuando la Toranzo se dio cuenta de lo que decía la letra, se puso en lo peor. Y ahí comenzaron, creo, mis desgracias. Quizá porque una estrofa dice: Vivant omnes virgines, faciles, formosae vivant et mulieres tenerae, amabiles bonae, laboriosae.

No necesita traducción, ¿verdad? Vino a mi mente el sucedido cuando ví en un informativo al bueno de Jon Juaristi cantando a voz en grito el De brevitate vitae (Gaudeamus) mientras agitaba sus brazos para que el público le siguiese en el momento en el que profesores y alumnos protestaban contra los recortes durante la inauguración del curso académico en Madrid el pasado septiembre. ¿Estaba en su ánimo interpretar la versión completa?: Vivan todas las vírgenes, fáciles y hermosas? Nunca se sabrá, pero me recordó a aquellos curas que dirigían los cánticos en las procesiones del Corpus y querían que los últimos de la comitiva siguiesen el compás: Cantemos al Amor de los Amores...

Luego llegó aquel tiempo que dedicamos a perderlo de forma miserable: la mili. En el Cuartel de Instrucción de Marinería de El Ferrol, todavía del Caudillo, me tocó en alguna ocasión atender la llamada brigada de analfabetos. Gente en general estupenda con quien me corrí alguna juerga. Un buen día, apareció en el aula un capitán-cura. O un cura con las estrellas de capitán. Era famoso por su afición a humillar al personal. En aquella ocasión se superó a sí mismo. Se acercó al grupo de los analfabetos y preguntó: "¿Quién escribió El Divino Impaciente?". Aquello fue una masacre. Al final, levante la mano: "Pemán". "Hombre -dijo el cura-capitán- un intelectual. Déle la ficha al cabo y a patatas. Los monitores no hablan". Si Pemán no me gustaba, a partir de entonces, menos.

Ortega y Gasset definió a Pemán como un personaje pululante. Comenzó siendo antiliberal y antiigualitario. Posteriormente, se convirtió en uno de los ideólogos de la dictadura de Primo de Rivera, un poco pariente suyo. Fue evolucionando hacia Falange y el Movimiento Nacional, puro fascismo, aunque asegura que murió juanista. A él se debe una de las versiones de la Marcha Real (una marcha prusiana que algunos atribuyen nada menos que al Kaiser Federico II). La de Pemán comienza: ¡Viva España! / Alzad la frente, / hijos del pueblo español / que vuelve a resurgir..."

Durante años, Jon Juaristi ha dedicado notables esfuerzos a demostrar que el nacionalismo vasco había inventado todas las tradiciones habidas y por haber. En su pulular ideológico ha acabado a la derecha de la derecha. Hace unos años, José María Aznar le encargó a él (y a otros) una letra para la marcha prusiana que dice, entre otras cosas: Patria mía / que guardas la alegría de la antigua edad: / florezca en tu heredad, / al sol de Europa, / alzada la copa, / el árbol sagrado de la Libertad.

Para explicar su himno, el profesor Juaristi hace un repaso culto por autores y poetas diversos, incluidos Basterra e Iparraguirre y el traidor Pound, Ezra Pound. El poeta norteamericano, fascista y antisemita, había hecho su particular guerra mundial contra su propio país desde los micrófonos de Radio Roma. Detenido por los partisanos, fue entregado a un oficial americano llamado Ramón Arrizabalaga Erquiaga, un pastor vasco de Nevada. Pero, esta es otra historia. Durante su primer cautiverio, escribió los Pisan Cantos, cantos que otro vasco, catedrático este, quiere transmutar en cuanto a concepto a la "nueva tradición" que arranca con lo que el inolvidable Vázquez Montalbán calificó como aznarato.

El viejo poeta de Vinogrado, autor de un magnífico ensayo sobre Unamuno, pulula hacia aquel Séneca pemaniano insufrible con sus inventos. El espectáculo de los tertulianos de Intereconomía puestos en pie mientres cantaban el cantar de Juaristi es algo que no tiene precio. ¿Qué diría Luciano Rincón de todo esto? ¡Ay! Y los universitarios madrileños, encima, no quieren cantar: Vita nostra brevis est, breve finietur. / Venit mors velociter, / rapit nos atrociter, / nemini parcetur.