Sistiaga lo cuenta
El muy viejo Nuevo Periodismo surgió en Estados Unidos en la década de los 60 para incorporar la subjetividad y el estilo narrativo del periodista y profundizar en la atmósfera de los hechos sin menoscabo de su veracidad. Hoy no hay rastro de aquello, devorado por la ultraderecha y el algoritmo en la información. Acaso quedan algunos periodistas fiables. Uno de ellos es el irundarra Jon Sistiaga que ha vuelto con Proyecto Sistiaga, en Cuatro. Es de esos espacios que hay que ver con atención porque trata de asuntos semiocultos. En su primera entrega ha entrado en la homosexualidad de curas y monjas hablando con ellos y ellas sin complejos ni falso rubor. ¿Un 60% del clero es gay, como afirma un exsacerdote? ¿Las contradicciones entre homosexualidad y celibato provocan casos de suicidio en el colectivo religioso? Lo que deja en evidencia Sistiaga es la brecha existente entre parroquias y catedrales, entre curas y obispos, los primeros favorables a la normalización de la homosexualidad en la Iglesia, mientras los purpurados optan por esconderla. El problema no es solo el castrante celibato, sino la hipocresía de la coexistencia de virtudes públicas y vicios privados. Gocemos del pecado, pero que no se sepa. Y con esta miseria se ha construido, entre otros dramas, la pederastia y los niños martirizados. Transcurrida una eternidad, la Conferencia Episcopal se aviene a indemnizar a las víctimas con una falsa penitencia de campanario. Se pueden meter su sucio oro por donde les quepa. ¿Qué hace Jon Sistiaga, con toda su valía, en una cadena secundaria como Cuatro, compartiendo nómina con francotiradores como Iker Jiménez y Nacho Abad? No se entiende bien, quizás porque le vemos como un profesional de canal público, riguroso y creíble. Que le contrate ETB o TVE.
