Aunque por desgastada ya no podía decirse que lo fuera, este martes salió la noticia sobre el próximo entrenador del Athletic, pues desde Ibaigane decidieron revestirla con el rango de oficial. No es fácil saber qué motivo ha impulsado al club a confirmar la existencia de su acuerdo con Edin Terzic para dos campañas precisamente este pasado martes y no antes o más tarde. Es lícito pensar en que el factor determinante para que la directiva de Jon Uriarte haya elegido la fecha de este martes está conectado a la clasificación de liga: el equipo cuenta desde el sábado con los 44 puntos que le sacan de la desagradable ecuación del descenso.
Salvado el gran escollo que aconsejaba evitar distracciones y poner todos los sentidos en la competición que da de comer (regla de oro que tampoco se ha observado de manera estricta, pero bueno), se diría que había unas ganas locas por lanzar el anuncio a los cuatro vientos, en línea con el proceder habitual de la casa en los últimos cuatro años. Pero sucede que, si se tira más del mismo hilo, sigue siendo poco coherente que el comunicado quede rematado así: “El técnico será presentado de manera oficial una vez concluya la temporada, para la que restan cuatro partidos muy importantes e ilusionantes”.
Aparte de estar mal redactada, la frase deja un insoslayable regusto a contradicción: si no va a ser presentado hasta que termine el calendario de competición, tampoco debería haber habido prisa por confirmar la existencia del acuerdo con el técnico alemán. Si el acto protocolario puede esperar y conviene que así sea por respeto a la persona que todavía ostenta el cargo de entrenador del primer equipo, lo otro, el anuncio, también podía esperar. De algún modo, implícitamente al menos, se reconoce el error de cálculo o de oportunidad al mezclar la noticia con lo de los partidos que todavía se han de jugar.
No es preciso subrayar la trascendencia de las cuatro jornadas pendientes cuando el devaluado torneo de la regularidad insiste en ofrecer plaza continental como si lo hiciera con desdén, como si de una ganga se tratase porque, para que engañarse, es una auténtica ganga. Sería interesante conocer qué pasará por la mente de Terzic si el Athletic es incapaz de aprovechar esta coyuntura sin precedentes para lavar su imagen. Colarse en Europa dota a la temporada que viene de un cariz incomparable al que poseería en la hipótesis opuesta. Esta afirmación no precisa argumentos o aclaraciones.
Las consecuencias, en todos los órdenes y de signo diverso, que se derivan de jugar partidos entre semana, durante el otoño como mínimo, marcan por sí solas el curso. De ir o no a Europa dependerán un montón de decisiones que se han de adoptar durante el verano. Estación que, en la línea del anterior estío, promete ser entretenida si repasamos lo que hemos visto y dejado de ver en estos ocho meses. Hombre, convendría echar la mirada más atrás aún para hacerse una composición de lugar que se ajuste mejor a la realidad.
Esta tarea le compete ahora a Terzic: enterarse del cómo y del porqué de tantas cuestiones. Y debe considerarse afortunado por la gran ventaja que le concede el hecho de saber, siendo él como es nuevo en la casa, que alguien elevado a la categoría de leyenda por los dirigentes, que tiene el culo pelado como ningún otro entrenador y se llama Ernesto, no ha logrado evitar que la corriente le desbordase.
Hay quien sugería este pasado martes que la noticia del club obedece a que Terzic está interesado en asistir en directo a alguno de los partidos del que será su equipo. Se antoja improbable, por improcedente; el argumento es idéntico al aplicado para el tema de la presentación oficial. ¿Hay necesidad? En absoluto. Terzic ya se ha tragado partidos a punta de pala de este año y de los anteriores, y menos mal porque revisado únicamente lo más reciente estampar la firma en el contrato constituía una temeridad. O no.
Existe un precedente en este sentido que viene al pelo porque lo protagonizó un paisano de Terzic. Sí, antes de comprometerse por primera vez con el Athletic, Jupp Heynckes asistió de incógnito a un encuentro liguero de los rojiblancos, pero es que entonces ni se sabía que él era el escogido para el banquillo de San Mamés. Su visita, más bien misión de espionaje, pasó desapercibida. Por cierto, aquel espectáculo que en concreto acogió el campo del Espanyol fue infumable de verdad, tanto como para que Heynckes saliese corriendo desde Barcelona sin mirar hacia atrás hasta llegar a Alemania y jamás pisase Bilbao.