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Erredakziotik

Olga Sáez

Jefa de contenidos de Lurraldea

60 años deteniéndose

Vivimos, a menudo, en una sociedad que premia el individualismo y la prisa. Un mundo en el que la inercia nos empuja a mirar hacia otro lado cuando el problema no es estrictamente nuestro. Por eso, cuando una asociación como la DYA (Detente Y Ayuda) cumple 60 años de historia, no estamos celebrando un simple aniversario; estamos celebrando seis décadas de un faro de esperanza basado en la empatía. Sus inicios nos llevan directamente al asfalto de las carreteras. Nació del impulso más profundamente humano: el de alguien que, al ver un accidente, decide pisar el freno, detenerse y ayudar. Ese acto fundacional, tan sencillo y a la vez tan revolucionario, fue la semilla de una organización que a lo largo de este medio siglo largo no ha dejado de ensanchar su manto de cobertura. La DYA ha demostrado que su vocación de servicio no conoce límites. No dudaron en calzarse las botas para sacar barro y arrimar el hombro en las devastadoras inundaciones de 1983. Y esa misma esencia es la que los ha llevado a movilizarse para apoyar a los afectados por la DANA en Valencia. Pero su ayuda va mucho más allá de los desastres naturales. Cuando el deber llama, no dudan en organizar convoyes rumbo a Ucrania dar salida a aquellas personas que huyen del horror de la guerra. Al mismo tiempo, no descuidan la trinchera del día a día en nuestras propias ciudades: repartiendo un caldo caliente y algo de comer a los indigentes en las noches más gélidas, o combatiendo esa otra epidemia silenciosa la soledad de nuestros mayores. Que su ejemplo nos siga marcando el camino.