Polvo de alas de mariposa convertido en galaxias, cuerdas de guitarra que dibujan montañas sonoras como el Gorbea y un recorrido que asciende desde las tensiones de la vida cotidiana hasta el cosmos. La artista cubana Glenda León desembarca en el Azkuna Zentroa con Un árbol cae en el bosque, su primera exposición individual en Bilbao, en la que reúne más de tres décadas de trabajo y propone una reflexión sobre la naturaleza, la espiritualidad y la condición humana.
La exposición, concebida junto a Fernando Pérez e Iván de la Nuez, reúne instalaciones, fotografía, vídeo, sonido y performance. Lejos de plantearse como una retrospectiva convencional, la muestra está concebida como un recorrido ascendente que parte de cuestiones ligadas a la realidad social y política para adentrarse progresivamente en territorios más vinculados a la naturaleza, la espiritualidad y el universo. “A veces los árboles no dejan ver el bosque", recordó Iván de la Nuez durante la presentación, citando a Hegel. Sin embargo, la propuesta de León busca precisamente lo contrario: «girar alrededor de un árbol que sí deja ver el bosque, aunque no siempre de la forma en la que el espectador espera».
Glenda León es una de las artistas hispanoamericanas con mayor trayectoria y proyección internacional. Aunque en su práctica predominan las instalaciones, maneja una amplia variedad de lenguajes: fotográfico, pictórico o videocreaciones que se conectan con la música, la literatura o la danza. En esta exposición, la artista emprende un viaje: “Empezamos con unas salas vinculadas a cuestiones terrenales, el deporte, el sexo, el turismo, y luego empieza a ascender. Hay incluso un pasillo que puede parecer una sala de avión, de despegue. Y al final están el cielo y el cosmos y luego empieza el descenso que termina aterrizando en la tierra”, ha explicado la artista en la presentación de la exposición, que ha deseado “un buen despegue y aterrizaje a los visitantes.
Recorrido
Sus primeras obras abordan las tensiones políticas y sociales de la contemporaneidad a través del juego, transitando desde una figura humana equipada con móviles y palos para selfies hasta colchones, que funcionan como metáforas de los espacios de rivalidad y encuentro entre países o de juegos para personas.
El recorrido avanza hacia un segundo ámbito, de carácter biológico y natural, donde el ser humano se integra en un universo de bacterias y conexiones orgánicas. En este espacio destaca la pieza central que da nombre a la exposición, junto a cuadros con árboles y montañas, entre ellas la del Gorbea, donde las cuerdas de guitarra dibujan con sonidos. También destaca el piano con 114 nombres de dioses creadores del mundo escritos en braille que componen una partitura única, reflejando la diversidad del mundo en que vivimos y logrando desmaterializar la religión.
“La religión se ha encargado de materializar lo inmaterializable porque la creencia, la fe, lo divino, eso que casi todo el mundo sabe que existe, es inmaterial, es invisible. Creo que ahí está uno de los grandes errores que han llevado a muertes, a un montón de barbaridades que se han hecho en el mundo y simplemente, a través de ese sonido que es una composición, a partir de esta traducción al braille, trato de disolver esa diferencia y devolverla a la inmaterialidad a la que pertenece”, ha explicado la artista.
La sección dedicada al cosmos reúne algunas de las piezas más hipnóticas de la exposición, realizadas a partir de polvo de alas de mariposa, que presionado sobre un lienzo negro genera formas sorprendentemente similares a las imágenes del universo. Al lado, se encuentra la obra Noche de fantasía, creada con bisutería, pendientes que forman diferentes figuras, metáforas de lo tangible y lo práctico. La pieza dialoga con Hábitat, una cama como un escenario para disolvernos con la naturaleza y para recordar la energía que la Tierra nos está regalando cada día.
La propuesta invita a atrapar y vivir el presente con intensidad, bajo la premisa de que lo que estamos viviendo aquí y ahora no se va a volver a repetir.
Arte para elevar el espíritu en Cuba
La creadora vive entre La Habana y Madrid. Ante la dura situación por la que atraviesa su país, Glenda León asegura que mantiene el compromiso de seguir mostrando su obra. “El arte es una vía crucial para ayudar a elevar el espíritu de la gente. El año pasado me invitaron a una exposición individual en el Museo de Bellas Artes, que obviamente pertenece al Estado, y acepté. Está el arte y está la política y no siempre tiene que estar todo junto, no importa en qué situación se encuentre el ser humano, algo le puedes aportar con la cultura y el arte, sin comprometerte políticamente, eso no quiere decir que estés apoyando a un estado represivo. Yo estoy apoyando el desarrollo espiritual de una persona, el acceso a la cultura. La situación está tan mal que el arte puede ayudar. Esa es mi visión, puedo estar extremadamente equivocada pero es lo que yo siento”.
Entre las obras más destacadas figura Conversio, una performance en la que cinco intérpretes, vestidos con referencias a distintas tradiciones religiosas (cristiana, musulmana, judía, hindú y budista), desarrollan una coreografía sincronizada sobre música electrónica del productor Richie Hawtin. En este proceso, la ropa comienza a estorbar y se la van quitando. A medida que avanzan en la sincronización, los intérpretes se aproximan a un estado de éxtasis, entrando en un estado meditativo donde ocurre una disolución del ego y de las diferencias culturales y religiosas.
La performance se realizará hoy, 18 de junio, a las 19.30 horas y los días 19 y 20 de junio a las 18.30 y 19.30 horas en la Sala de exposiciones.
Aunque es su primera exposición individual en Bilbao, no es la primera vez que muestra su trabajo en Bilbao. En 2019 formó parte de Nunca real/Siempre verdadero, una colectiva sobre la simbiosis entre el sistema del arte y el sistema de la palabra a través de la mirada de 13 artistas.
Un árbol cae en el bosque se puede ver hasta el 27 de septiembre en Azkuna Zentroa.