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Olga Sáez

Jefa de contenidos de Lurraldea

No es país para jóvenes

Puede parecer una contradicción afirmar esto en una sociedad que presume de progreso y oportunidades, pero la realidad dibuja otro escenario. Las generaciones mayores han sabido organizarse, reivindicar y defender sus derechos con eficacia. Gracias a ello, hoy muchos jubilados disfrutan de pensiones estables, en algunos casos superiores a los salarios que perciben numerosos jóvenes en activo.

No se trata de cuestionar esos logros ni de restar valor a décadas de esfuerzo. Al contrario, son el resultado de movilización y conciencia colectiva. Sin embargo, el equilibrio generacional parece haberse roto. La juventud actual, altamente preparada y con más formación que nunca, se enfrenta a empleos precarios, salarios que no se corresponden con su cualificación y un coste de vida que no deja de aumentar.

Comprar una vivienda se ha convertido en una meta inalcanzable para muchos. Formar una familia, en una decisión que se pospone indefinidamente. El ascensor social, que antes prometía avanzar respecto a la generación anterior, hoy parece detenido.

Vivimos en una pirámide invertida donde el peso económico y demográfico condiciona el futuro. Si no se corrige el rumbo, el país corre el riesgo de hipotecar su principal activo: el talento joven. Apostar por ellos no es una opción ideológica, es una necesidad estructural.

Porque al final estamos creando un país donde para los jóvenes no es un lugar donde desarrollar su proyecto de vida.