La educación pública es asunto ciudadano. Quiere esto decir que a todos nos atañe decidir qué tipo de educación reciben nuestros descendientes. La educación pública es asunto de vital importancia y nos dice mucho sobre la sociedad en la que queremos vivir. Por ello, el cierre o la concentración de colegios protagonizados por los poderes públicos causan polémica. ¿Es oportuno cerrar colegios? La respuesta no es sencilla ni en uno ni en otro sentido. Lo cierto es que la disminución continua de nacimientos ha provocado, y son cifras oficiales, que en España, como ejemplo, se pierdan cerca de 500.000 alumnos desde 2013. Más allá del daño en zonas rurales (en la España vaciada o en la Euskadi profunda), la tendencia está llegando a los núcleos urbanos, a nuestras ciudades, donde se han cerrado o fusionado centros con clases que contaban con apenas 10 alumnos. ¿Decisión política? Se abren procesos de integración para optimizar recursos. En resumen, centros más grandes para una oferta mejorada de servicios o instalaciones. Cierre de colegios como consecuencia. ¿Nos gusta? No. Pero la realidad manda (la economía) y tenemos que recordar que Euskadi registra una de las tasas de natalidad más bajas de Europa, lo que tiene y tendrá incidencia en las etapas educativas iniciales en los próximos año. El Gobierno Vasco considera difícil mantener un proyecto pedagógico de calidad en aulas con pocos niños ya que dificulta la socialización y el trabajo en equipo. Un argumento de peso que invita a repensar un proyecto educativo adecuado a los nuevos tiempos.