El drama no es barrera para el enfrentamiento político, es el tiempo el que marca la frontera: el momento en el que el dolor colectivo deja paso a la pugna partidista aunque siga siendo insoportable, el dolor, no la pugna partidista, que es un agujero sin explicación científica. La malicia o la experiencia me trasladaron hace unos días al terreno de la sospecha, a anticipar el olor a napal del que disfrutaba por las mañanas el coronel Kilgore en Apocalypse Now. Ya está aquí el guiñol con dos escenarios. El de la dana de valencia y el accidente del TAV en Córdoba y la marionetas se frotan las manos. Lo tuyo fue peor. Y rota la vasija que contenía las aspiraciones políticas, cabe preguntarse cuestiones tan básicas como una que se ha planteado desde hace décadas en Euskadi. ¿Se inicia el trazado de alta velocidad desde el norte, conexión con Europa, o desde el sur, Madrid-Sevilla? El debate no tuvo recorrido y Francia tiene serias dudas de hacia dónde van sus intereses. ¿Tenemos que invertir en un tramo por el que no ha apostado nunca el Estado? No lo ven. Como nunca lo ha hecho el Gobierno central, con un partido o con otro. Y aquí, siendo muy injusto con las víctimas de Córdoba, podría decirse que el konpondu, adelantar las obras con financiación propia, que se ha hecho en Euskadi para que el tren se ponga en marcha lo antes posible, se enfrenta ahora a una línea ferroviaria vieja en la que, después de la seguridad de los viajeros, hay que evaluar si la conexión a alta velocidad, en diferido, muchos años despues, es segura.
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