Mañana se acaba el verano. Bueno, el calendario dirá que queda septiembre, que aún hay sol, que las terrazas siguen vivas y que siempre se puede rascar un último baño. Pero todos sabemos que mañana, cuando suene el despertador a las siete, se habrá terminado todo: el dolce far niente, las siestas sin culpa, las cervezas del mediodía, las duchas sin prisa y ese limbo delicioso donde uno no sabe ni qué día es. Agur, libertad. Kaixo, rutina. El regreso a ella es como ese viejo amigo que nunca cae bien pero siempre vuelve. Lo esperas, te preparas para él, te compras una agenda nueva con ilusión, y aun así, cuando llega, te pilla con la piel pelada, la mente en las nubes y el alma gritando: “¡pero si todavía no he descansado!”. Porque, seamos sinceros, ¿quién descansa de verdad en verano? Entre cuidados familiares, niños hiperactivos en la playa y el drama de conseguir una mesa para cenar sin reserva, lo que uno hace en vacaciones es sobrevivir. Y ahora, cuando por fin empezábamos a desconectar (quizá ayer, quizá justo ahora), va y se acaba. La vuelta a la rutina es también el regreso del email asesino, de las reuniones eternas. Volver es recordar tu contraseña del ordenador de milagro y empezar cada día como quien abre una caja de Pandora. Así que, ánimo, compañeros del drama postvacacional. Mañana empieza el año de verdad. Que la fuerza, el café y los memes nos acompañen.