No puedo entender los motivos que pueden llevar a realizar actos vandálicos como pintar sobre la fachada del Teatro Arriaga. ¿Por hacer una gracia? Creo que, cuando hemos visto estos grafitis, la mayoría indescifrables, que dañan a uno de los edificios más emblemáticos de Bilbao, que, por cierto, está catalogado como monumento histórico de especial protección, a nadie nos ha resultado gracioso. Ni siquiera tienen el más mínimo interés artístico, son garabatos y firmas realizados por gamberros. No es la primera vez que vandalizan esta fachada, el terrorismo cultural sale caro a los bilbainos y bilbainas y se repite prácticamente cada Aste Nagusia. Ocurre en muchas ciudades sin que nadie sepa cómo atajarlo. Grafitis, pintadas, rotura de sillares y piedra antigua, destrozos en cuadros y esculturas… Todavía recuerdo cuando hace algunos años a alguien se le ocurrió maquillar la cara a la escultura de la fachada románica de la Catedral de Santiago de Compostela (siglo XII) como un cantante más del grupo Kiss. O cuando unos desconocidos pintarrajearon las columnas del histórico Corredor Vasariano construido sobre el Ponte Vecchio de Florencia. La mente del gamberro es promiscua en imaginación cuando se trata de destrozar una obra de arte. Por eso es tan importante que se actúe con contundencia, como lo va a hacer Bilbao buscando a los autores del delito cultural. El que la hace, la paga. l
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