Mesa de Redacción

Que no salpiquen

09.06.2021 | 01:27
Que no salpiquen

Una moneda diseñada por el escultor Augustus Saint-Gaudens en la década de los 30 del pasado siglo ha sido subastada en Nueva York por 15,5 millones de euros. Se trata de una Águila Doble de 1933 que nunca llegó a circular por decisión del presidente Franklin Delano Roosevelt. Su valor nominal era de 20 dólares y, tras la subasta, se ha convertido en la moneda de mayor valor del mundo. De 20 euros a 15,5 millones. Al estilo de los bitcoin. Y ahí voy. Estamos inmersos en la revolución de las criptomonedas, en la que mediante una especie de subastas continuas, una moneda que nunca ha estado en circulación y que no tiene siquiera ese aspecto dorado reluciente que mantiene casi un siglo después la Águila Doble de 1933, pasa de un día para otro a multiplicar su valor varios miles de veces. Cientos de miles de personas se lanzan a un espacio económico hasta ahora desconocido, invirtiendo su dinero tradicional en alguno de los 10.000 tipos de moneda virtual que pululan por la red. Esas personas no tienen nada de ese capital en el bolsillo y no pueden dedicarlo a adquirir casi ninguna de las cosas que se compran con dinero. Y, sin embargo, la cantidad que se mueve en la nube críptica va en aumento. Es difícil comprender el funcionamiento de la moneda, y difícil comprender también la confianza de la gente en este movimiento que, afirman, es el futuro. Yo, ignorante que soy, solo veo una burbuja gigante en alocado crecimiento. Y las burbujas acaban reventando. Que no salpiquen.

 
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