La verdad tiene un precio
Más dudas que certezas. ¿Es seguro el sistema de alta velocidad español? ¿Por qué ahora Ábalos deja su escaño? ¿De Aldama tiene pruebas de la financiación ilegal del PSOE? ¿Hay una razón de oportunismo político en la regularización de medio millón de inmigrantes? ¿El Constitucional hará posible que Junts facilite los Presupuestos a Sánchez?
Los familiares de las víctimas del siniestro de Adamuz quieren saber la verdad. El ministro Puente se esfuerza sin desmayo ni horas en el dato para sacudirse la responsabilidad, pero ha calado hondo la inquietante sensación de la inseguridad. Cada día parece más elocuente que la raíz del principal problema estaba en la vía y así queda desmontada la primera versión de Transportes. No es baladí, por tanto, que los tres miembros del Gobierno entraran por un lateral al funeral en recuerdo de las decenas de viajeros fallecidos en tan fatídico choque de trenes. Los Reyes, en cambio, fueron vitoreados.
Quizá convendría admitir por higiénica democrática de quien es responsable que el mantenimiento de las vías no ha sido un objetivo presupuestario durante varios años. Pero decir la verdad con semejante crudeza tendría un precio político demasiado oneroso. Por eso Puente, a quien una legión de ofendidos en las redes espera con la guadaña en la mano, busca subterfugios que esquiven la evidencia. Lo hace, además, con una altanería propia de su estilo fajador, pero sobremanera imprudente en estos momentos de duelo porque irrita. Mucho más cuando ordena callar a quien sabe más que él de ingeniería sencillamente porque ridiculiza sus argumentaciones.
Con todo, hace bien en desoír las exigentes peticiones de dimisión. Queda tiempo para conocer la causa oficial de tan trágico accidente. Y en el polvorín de Rodalíes, la culpa tiene más de un padre. En todo caso, hay Puente para rato. Convertido en el dóberman de Sánchez, incisivo, demoledor y hasta faltón, supone un escudo contra la adversidad y un seguro de supervivencia mediática para el resto de compañeros del alma socialista.
Incluso, cuando más arrecia la tormenta mediática y social por los desastres ferroviarios y el riesgo de un servicio tan popular, por ahí aparece el presidente con su chistera para amortiguar el sofoco. Es entonces cuando sorprende con un atropellado cambio de guion para que las tertulias y el cuñadismo solo hablen de la regularización de una ingente cantidad de inmigrantes. Sin que nadie lo esperara, mata tres pájaros de un tiro. Rescata del baúl de los recuerdos un áspero tema que siempre le ha quemado en las manos, aunque tuviera la bendición de 700.000 firmas de apoyo, ofrece a sus siempre críticos de Podemos el aplauso político por un gesto humanitario de semejante trascendencia, y mete de paso otro elefante en el salón de disputas de Vox y PP. La cuadratura del círculo de una tacada. A cambio, no se descarta que la recompensa lleva implícita un guiño para ceder a Junts la competencia en inmigración. Nada es gratis.
De momento, Sánchez apacigua a otra de sus fieras. En este caso, aporta una indudable inyección de moral a los aguerridos rivales de Sumar que les llega cuando menos se lo imaginaban habida cuenta de sus mutuas diferencias. Ocurre justo ahora que los supervivientes de Pablo Iglesias encaran en el arduo examen de las urnas de Aragón revalidar su buen papel en Extremadura. Otro asalto en la prolongada pelea interna de estas familias progresistas.
La garganta de de Aldama
Ábalos dice que no tiene dinero. Tampoco puede demostrarse que mienta. Ni siquiera conocer la verdad del motivo real de dimitir ahora de su acta de diputado y no cuando se lo propuso su entonces abogado. La única certeza es que el PSOE recupera el aliento para el resto de votaciones de la legislatura. Ya solo necesita la abstención de Junts para sonreír siempre que deje de jugar con la artimaña de los proyectos ómnibus, esa vía que tan buen resultado dio a Sánchez en los tiempos del Covid. También Cerdán se siente más tranquilo con esta maniobra de su viejo amigo porque sabe que ahora el banquillo de la Audiencia Nacional y la más que probable condena a sus tropelías se antoja mucho más lejana.
Tampoco puede asegurarse que para entonces De Aldama haya vomitado con pruebas todas sus amenazas. El fraudulento comisionista sigue esparciendo estiércol cada vez que se lo propone y con la altanería propia de quien se siente protegido. En su calculada estrategia del miedo, acaba de afinar más el tiro y así alude a una presunta financiación irregular de los socialistas. ¿Será verdad, o no?
