La mano izquierda
La luz es la mano izquierda de la oscuridad, y la oscuridad es la mano derecha de la luz; las dos son una, vida y muerte, juntas como amantes”, dijo una poetisa de cuyo nombre no puedo acordarme. Vienen hasta aquí estos versos ahora que ayer se vivió Gau Zuria, una fiesta donde se apaga la noche para que se alumbre el camino. Se vivió esa sensación a lo largo de todo el paisaje urbano, en iglesias, plazas, parques, muelles y puentes; desde la plaza de la Encarnación hasta el Muelle de Sota, pasando por la plaza Indautxu y Azkuna Zentroa entre otros rincones de la ciudad. No fue una luz cualquiera, no una bombilla de led en acción. Fue, más bien, una explosión, un torrente de brillos. Cuando la humanidad vivía alrededor de un fuego, la sensación de abandono, de temor a lo que se mueve en la oscuridad, se encontraba en la parte más profunda del alma del ser humano y de su cultura. Con la llegada del alumbrado de gas y, sobretodo, con el alumbrado eléctrico, los seres humanos perdimos el significado de la oscuridad. Sólo en contadas ocasiones nos damos cuenta del sentido del crepúsculo, del final del día. Y aún así, espectáculos como el de ayer siguen causándonos asombro. Hubo proyecciones de imágenes, acompañadas de sonido, sobre la fachada del Teatro Arriaga y en el claustro del Museo de Arte Sacro; intervenciones diseñadas ad hoc para Gau Zuria así como la pieza Relatos de boda de la Misericordia, que celebra el 250 aniversario de su creación. Con esta noche blanca se celebra, desde hace unos años ya, el aniversario de la firma de la Carta Puebla que en 1300 supuso la fundación de la Villa de Bilbao, fecha que se conmemora cada año con numerosas actividades culturales al aire libre. Fue Bilbao saliendo de las tinieblas, una fuga hacia un porvenir más luminoso. El que hoy nos deslumbra.