Editorial

Athletic o la virtud de lo emocional

Compartir una emoción transversal y desideologizada es un factor de comunidad y el Athletic es una fortaleza en ello. Pero igualmente hay que insistir en que compartir pasión no justifica asumir riesgos

02.04.2021 | 00:59
Centenares de aficionados, a pie, en coche o en moto, despidieron al Athletic en Lezama rumbo al aeropuerto.

LA del sábado es una cita marcada en el calendario de los aficionados al fútbol en general y de los athleticzaleak en particular. El hecho de que la primera final de Copa a disputar este mes genere muestras, en ocasiones desbocadas, de emocionalidad y adhesión a los colores puede llegar incluso a irritar a quienes no se entregan a esa pasión o a quienes, sencillamente, sienten la excepcionalidad del momento y el orden de prioridades sociales y económicas en un sentido mucho más estricto. No les falta razón porque el placebo futbolístico no es sino la evasión de otras realidades. Pero esas realidades están siendo tan duras que los sentimientos necesitan válvulas de escape. No resultaría lógico que se analicen las necesidades de la ciudadanía incorporando a ellas la de un rescate emocional, la de una reconstrucción anímica muchas veces sostenida por un ejercicio de voluntad más que de objetividad, y renunciemos luego a una de las herramientas que lo aportan para muchos miles de vizcainos, de vascos. El sentido común no es una característica sobrevenida. En el ámbito social, ha sido una apelación constante que la ciudadanía vasca ha recibido. Aplicarlo en esta situación es una obligación, como lo es gestionar el margen posible de liberación de los rigores que aún nos acosan. Siempre conscientes, siempre seguros, siempre prudentes. Estos días se hace más tangible que la emocionalidad y la vinculación a causas transversales, que no entienden de bloques ideológicos, es sana. Compartir una emoción es un principio de comunidad. El Athletic es un activo de fortaleza en ese sentido. Dicho esto, con la expectativa de materializar el sueño mañana, debemos insistir en que a la virtud anímica de lo emocional debe acompañar la responsabilidad más rigurosa. Las imágenes de la afición acompañando a su equipo ayer jueves en Lezama son emotivas pero también preocupantes. No podemos rendirnos a la presunción de que compartir emociones implique asumir riesgos. Lo advertíamos ayer jueves en este espacio y lo reiteramos hoy. La ausencia o mal uso de mascarillas que pudimos ver en algunos aficionados –no en la aplastante mayoría– no es de recibo y llueve sobre mojado sobre otras situaciones –la saturación en la costa– que hemos vivido esta semana. Disfrutemos de nuestro Athletic con el máximo sentido común y compromiso hacia nuestros vecinos. No hay un paréntesis a la pandemia.

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