Editorial

Europa cambiante

El fin del bipartidismo, la contenida pero aún amenazante ultraderecha y la creciente pujanza de fuerzas representativas de naciones sin Estado hacen distinta esta Eurocámara que debe seguir definiendo Europa

09.02.2020 | 04:18

UN vistazo global a las elecciones europeas y a la respuesta de los casi 420 millones de ciudadanos convocados a las urnas en los 28 estados miembros permite comprobar que algo ha comenzado a moverse en una Europa que se creía encorsetada. Sacudida o no por el Brexit y la reaparición de las corrientes populistas, ultraconservadoras y xenófobas, lo cierto es que la UE que se continuará construyendo a partir del Parlamento Europeo elegido estos días presenta tres características a tener en cuenta. La primera y quizá esencial por cuanto significa de modificación de las tradiciones ideológicas europeas es el fin del bipartidismo de populares y socialdemócratas. Aunque el PPE es aún primera fuerza (182 escaños) y el SD, segunda (147), han cedido 34 y 32 parlamentarios, mientras que ALDE -el grupo en que se inserta el PNV-, con la candidatura de la comisaria de la Competencia, Margrethe Vestager, ha obtenido 50 más que en 2014 situándose en los 109; y los verdes suman ya 69. Además, PPE y SD no tendrán la mayoría que hasta ahora les ha permitido dominar las decisiones y elecciones de la Eurocámara. La segunda diferencia es que el ascenso de ultras y eurófobos, que aún amenaza, parece contenerse. Es cierto que Farage ha arrasado en Gran Bretaña (32%), pero sin contar a conservadores y laboristas, titubeantes sobre el Brexit y grandes derrotados, la suma de los grupos eurófobos obtiene un 36% frente al 40% de aquellos que abogan por un segundo referéndum. Y aunque Salvini en Italia y Le Pen en Francia han sido las formaciones más votadas, lo mismo que el Fidesz de Orban en Hungría, el resto de fuerzas ultras emergentes (en Filandia, Holanda, Bélgica, Austria, Lituania...) han perdido su inicial impulso. Por último pero no menos relevante, la Eurocámara no podrá ser ajena a la creciente pujanza de las naciones sin Estado con fuerte arraigo en Europa. En Euskadi, el triunfo del PNV ha sido incontestable y hace justicia a la labor de Izaskun Bilbao en Estrasburgo y EH Bildu también logra representación; en Catalunya, la victoria ha correspondido a Puigdemont por delante de ERC; en Escocia, el triunfo del SNP (38% y tres escaños) refuerza su apuesta por la independencia; en Gales, el nacionalista Plaid Cymru renueva su escaño; y en Bélgica, las dos primera fuerzas, el moderado N-Va y el radical Vlaams Belag, son nacionalistas flamencas.