Rojo sobre blanco

Después de esto, qué, por José L. Artetxe

Vale que de salida el rival esté más acertado, pero cómo justificar que la desigualdad persista a lo largo de cien minutos

11.05.2022 | 00:25
Vivian se lamenta en un momento del partido.

DESPUÉS de esto, la credibilidad del Athletic es igual a cero, inexistente. Da igual qué ocurra en los otros partidos donde supuestamente también están en juego sus intereses. Aunque lo que pase mañana jueves en Vallecas y en San Sebastián le favoreciese, habría que formular una pregunta con crudeza: ¿favorecer, para qué? A estas alturas de la película pretender vivir exclusivamente de los errores ajenos resulta grotesco, pero es que no le queda otra a un conjunto que anoche volvió a mostrar una impresionante ausencia de convicción, entereza y recursos, que se hartó de comprar boletos para garantizarse la derrota, que defraudó como no cabía ni imaginar.

Las mejores imágenes del partido. Fotos: EFE y EP

Vayamos partido a partido, con la ayuda de esta afición, estamos muy mentalizados, este año es posible, hemos hecho lo que había que hacer para encontrarnos ahora con esta oportunidad, todo es fruto del buen trabajo, nos sentimos fuertes físicamente, en fin todos estos mensajes y otros de similar corte emitidos en clave positiva, optimista, con Europa al fondo, sobran, están de más y hasta suenan huecos con actuaciones imposibles de cuadrar con la situación clasificatoria. Las expectativas se alientan en el campo, no con palabras antes y después de los partidos.

Es significativo que en estas semanas cruciales, el equipo haya intercalado versiones sin nexo entre sí y además con preponderancia de aquellas que hubiese sido deseable que no tuviesen lugar. Flojo contra el Celta, desconcertante en la visita al Cádiz, entonado ante el Atlético de Madrid, inoperante frente al Valencia y penoso en Granada. Con este balance, la suma de siete puntos de quince se antoja una bendición, pero ni la respuesta del equipo ni su reflejo en la tabla evitan que se interiorice la sensación de que no está preparado para lo que la competición demanda en estas fechas.

Claro que las necesidades, urgencias en el caso de los que suspiran por la permanencia, suelen condicionar o alterar el comportamiento de los conjuntos en el tramo decisivo del calendario. Ello se traduce en marcadores que causarían gran extrañeza en tramos previos del campeonato, pero que sorprenden bastante menos cuando el margen de enmienda es casi inexistente. En este contexto, era muy previsible que el Granada, ante su afición y viniendo de ganar en la jornada anterior, adoptase un perfil agresivo, que fuese intenso, valiente para tratar de cobrar ventaja y más prudente de obtenerla, aunque sin rebajar las revoluciones del motor, y que, por supuesto, echaría el corazón por la boca.

Bueno, pues atendiendo al desarrollo del choque habrá que concluir que nada de lo apuntado entraba en los cálculos del Athletic. Salvo en dos ratitos sueltos, el Granada impuso su ley en el plano físico y no precisamente porque sea más poderoso, más rápido, más ágil, sino por actitud; lo cual equivale a decir que la disposición mental o anímica del Athletic causó honda decepción, le condujo a perder prácticamente cada pelota. No hubo color y vale que de salida el rival esté más acertado y pise el acelerador para exprimir el factor campo y la inercia que traía de Mallorca, pero cómo justificar que la desigualdad persista a lo largo de cien minutos de juego.

El gol que sentencia la contienda remató el desastre. Un regalo de esos que dan una idea aproximada de la absoluta desorientación del grupo. Da lo mismo quiénes estuviesen implicados en la acción porque el apartado de pérdidas, fallos, lapsus de concentración, indecisiones fue muy prolijo y pese a que alguno se libró, el suspenso fue generalizado. Muy ilustrativos fueron los minutos posteriores al 1-0, pues los futbolistas locales lograron encadenar hasta cuatro robos que añadir al que supuso el gol y todos en terreno ajeno, pues el Athletic se retiró al descanso sin cruzar la divisoria en diez minutos. Tampoco es que antes se prodigasen.

Y luego, bueno, qué impotencia. El Granada continuó peleando con una o dos marchas más y obviamente no le importó que hubiera más interrupciones, pero el problema fue que enfrente no se enteraban de la fiesta. Y de guinda, va Raúl García y en el 97 estrella en la madera el único chut con veneno de la noche. De haber entrado, el análisis hubiese sido el mismo. ¿Verdad? Fue una ruina. 

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