Rojo sobre blanco

Expectativa defraudada

El modo en que el Alavés se empleó en el apartado táctico y sobre todo en las disputas, explica en buena medida el 0-0

10.01.2022 | 00:26
Berenguer, que fue de nuevo titular, no tuvo su noche.

EL puntito de Mendizorrotza suma, claro, pero en absoluto colma la expectativa que el Athletic había creado por sus últimas actuaciones. Cabría echar mano del tópico y afirmar que vuelve a las andadas después de amagar el despegue, pero puede que se trate de un pequeño accidente, de un bache, quizás lo presenciado ayer responda a algo tan elemental como que no todos los días es posible convencer y ganar. A veces, la intención o el deseo no son suficientes. Se verá en próximos encuentros, pero catalogar este derbi como una ocasión propicia en sintonía con la línea de semanas anteriores era muy razonable. Parecía que el equipo se había desprendido de la impericia ofensiva que tanto le penalizaba, que había hecho borrón y cuenta nueva poniendo fin a una etapa donde la sensación habitual era de quiero y no puedo, de merezco más pero no me alcanza, de impotencia. Que cada cual escoja cómo denominar un período y un estado anímico presididos por el empate como desenlace ineludible.

Las mejores imágenes del Athletic - Alavés. Fotos: Pablo Viñas

Quien más quien menos hacía su particular cuenta de la lechera en vísperas de desplazarse a Gasteiz. Añadiendo un triunfo al balance reciente se daba un impulso a la candidatura continental, qué reparo da mentarla , justo antes de meterse en el fregado de la Supercopa, cuyo signo y efectos son impredecibles. Ya lo fueron hace doce meses. Por si acaso, Marcelino no quiso tocar absolutamente nada, persuadido de que la fórmula de El Sadar era insuperable, pero el infortunio asomó para que Vencedor durase un suspiro sobre la hierba. Que el nivel de juego experimentase un descenso no tuvo tanto que ver con el rendimiento de Zarraga, más que correcto para dar salida al equipo, como con la floja aportación de los hombres de arriba. Así lo certificó el entrenador con los cambios que introdujo cumplida la hora.

La incomodidad de los delanteros y en el lote se ha de incluir a Sancet, Iñaki Williams y Berenguer, porque Muniain anduvo por donde le vino en gana y eludió así un marcaje directo, pudo recibir al pie siempre para construir y sacar a relucir la rigidez del esquema del Alavés. La totalidad de las acciones de cierta enjundia nacieron del capitán, pero fueron más esporádicas de lo que hubiese hecho falta y, como se ha apuntado, sin la colaboración precisa. La agresividad del oponente se reveló como un obstáculo para que el fútbol del Athletic fluyese. El modo en que el anfitrión se empleó en el apartado táctico y sobre todo en las disputas, en el cuerpo a cuerpo, fue decisivo y explica en buena medida un empate a cero que acaso no satisfaga a ninguno de los bandos.

Pese a que el resultado no saca de pobre al conjunto vitoriano, no es menos cierto que la delicada situación que atraviesa le permite realizar una lectura en clave positiva. Para un conjunto que llevaba siete jornadas sin ganar y nueve cediendo algún gol, el blindaje de la portería solo es interpretable como un paso adelante en la inquietante senda por la que transita en el campeonato. Seguro que Mendilibar está de acuerdo con la apreciación. Con lo que tiene y el tiempo que lleva en ese banquillo, pretender una transformación radical que se traduzca en una mejor manera de competir y que además reporte puntos, en plural, es mucho pretender.

Sin embargo, el choque otorga una victoria moral al técnico de Zaldibar. El Alavés fue capaz de frenar en seco a un adversario al alza y lo logró siendo fiel a su librillo. Sin balón provocó que el Athletic se equivocase más de la cuenta, en amplias fases cortocircuitó sus transiciones y estuvo firme en la estrategia. Pacheco vivió tres sustos en noventa minutos e hizo una única parada de mérito. Poca cosa, se preveía que estuviese más ocupado. Los focos tampoco iluminaron a Simón: tres salidas por alto y un palmeo comprometido a córner tras pifia monumental de Iñaki Williams. El trabajo coral de los rojiblancos en la contención fue notable, si bien la presión local hizo que regalaran posesiones como por un tubo. Ese morder muy arriba es otra de las exigencias de Mendilibar.

Total, que la consigna de explotar la velocidad, tanto para romper líneas como con desmarques a la espalda de la zaga babazorra, lenta donde las haya, se quedó en la pizarra, pues en la práctica no hubo opciones para un Athletic que ni siquiera se aprovechó del evidente cansancio ajeno para protagonizar alguna llegada de fuste en los veinte minutos finales. Así es complicado derrotar a equipos que luchan por no descender.

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