La otra mirada

Lección inacabada

09.02.2020 | 09:18
Columnista Nekane Lauzirika

vaya ante todo mi dolor por la zozobra hasta la angustia que han vivido y padecido estos días en muchos lugares de Navarra, una especie de gota fría que ha puesto lágrimas de impotencia al jolgorio festivo sanferminero. Y junto a este apoyo moral el deseo de que reciban pronto la ayuda material que necesitan para resarcirse de los cuantiosos daños que han sufrido en casas, comercios, garajes... y campos agrícolas. Pero tras las lamentaciones por los hechos catastróficos ya sucedidos debiera llegar la reflexión, porque viendo las impactantes imágenes de Tafalla anegada de agua y lodo cualquiera diría que la estupefacción popular respondía a la idea de que les estaba ocurriendo algo impensable y por tanto imposible, que su río Cidacos se desbordara y arrasara con todo: mobiliario, enseres, garajes? y coches amontonados como llovidos del cielo después de ser arrastrados por las intensas lluvias. Tal vez hubiera ocurrido antes, pero nunca como ahora al decir de los afectados.

Hasta aquí la noticia, a la espera de que se declare zona catastrófica para que los seguros no hagan mutis por el foro. Pero cuando suceden estos desastres naturales, en vez de sentarse a esperar la próxima para lamentar, pocos paran a reflexionar con propósito y decisión de poner manos y medios para que no vuelva a ocurrir.

Las lluvias torrenciales con inundaciones, derrumbes y deslizamientos?, y otros fenómenos catastróficos naturales son relativamente frecuentes y normalmente se conoce dónde será más destructiva su acción. Pero como si no fuera con nosotros, seguimos ocupando las riberas de inundación de los ríos, dejamos que se llenen de maleza y atore su cauce cuando el caudal es exigüo. Pabellones industriales y casas no son infrecuentes ocupando cauces de ríos que de vez en cuando reclaman lo que les pertenece de manera dolorosamente destructiva. ¡Hasta he visto parcelas de aparcamiento en algunos ríos!

Aunque se sepa que el Vesubio está activo, todos los años hay turistas heridos, atrevidos o imprudentes, porque parece que no iba con ellos: también el Stromboli vive y respira lava como lo atestigua el muerto y los heridos de hace unos días, tal vez porque creamos que los volcanes siguen la lógica y el tempo humanos. Pero de ningún modo es así, pues el mar, los ríos, las montañas, los volcanes? tienen su propio latir, su ritmo geológico, no el tempo humano que queremos marcarles ocupando su espacio, sus anteplayas y arenales, sus riberas, sus crestas más inaccesibles?. Donde construimos o utilizamos en la creencia de que nunca reclamaran lo suyo. Así que cuando lo hacen, la catástrofe está servida.

No sé si es mayor la ambición que nuestra imbecilidad cuando se construye en un cauce, en un arenal y no se limpia el río o se talan los taludes de sus riberas para luego lamentar humedades o inundaciones.

Cuando explicaron en la escuela que los humanos somos y formamos parte de la naturaleza y no al revés, muchos/as no fueron a esa clase de geografía ecológica. Así nos va, limpiando periódicamente lodo de inundaciones que nunca iban a ocurrir.