El sacacorchos

El esqueleto y la mandíbula

22.09.2021 | 01:44
El esqueleto y la mandíbula

SE ha repetido una y mil veces: la más larga caminata comienza con un paso. Es una verdad sagrada, por mucho que un solo paso hoy esté mal visto. No por nada, los apóstoles del andar predican una cifra algo más alta: los 10.000 pasos diarios que se han convertido en una suerte de mantra, como si bajar de esos registros le colocase a uno la escarapela de andarín aficionado. Se han repetido una y mil veces los versos de Machado, esos que dicen Caminante, no hay camino; se hace camino al andar (...) y el paseo activo que tanto nos mueve por dentro es, hoy por hoy, una oración laica de los defensores de la vida nómada.

Recuerdo haber leído a la novelista australiana Kate Morton un párrafo que encaja a las mil maravillas con la historia de hoy. Escuchen, escúchenlo. De acuerdo con la doctrina de Raymond Blythe, caminar erauna oportunidad para la contemplación. En raras ocasiones, si ambos participantes estaban dispuestos, podría ser propicia para hablar sobre la historia, la poesía o la naturaleza. Los charlatanes no eran tolerados, y quien recibía ese calificativo jamás lo perdía. ¿No les decía? Hablar intercambiando ideas es un buen ejercicio para el cuerpo y el alma, algo que se aplica a pies juntillas en la Red de Caminantes impulsada por las autoridades para la gente de cierta edad. No callar ni bajo el agua, ya lo saben, está mal visto.

A este proyecto han decidido añadirle, cómo les diría, complementos vitamínicos o, por ser más concreto, añadirles otro concepto bienaventurado: la alimentación sana. Hablan de los desayunos saludables, aprovechando que han puesto meta a los paseos: los mercados municipales. Se trata, al parecer, de una combinación eficaz: mover con soltura el esqueleto y con eficacia la mandíbula.

La idea suena de lo lindo, de fábula. La apuesta por la movilidad encaja a la perfección en el futuro tan dinámico que nos prometen. Los adoradores del sofá, los amantes de la cama a medio hacer a todas horas, los apóstoles de aquella siesta de pijama y orinal de la que hablaba Camilo José Cela van perdiendo pujanza en una sociedad que apuesta por el dale, dale que te pego constante. Si es en nombre de una vida saludable, bienvenida sea la idea. Ahora bien, si se demoniza a quien no llegue a los diez mil, estamos equivocados.

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