Ver para creer. En mi juventud, los cómics de Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio, dos de los personajes menores del inigualable Francisco Ibáñez, capitalizaron tramos importantes de mi tiempo de asueto. La serie cómica no engañaba a nadie si se atendía a su denominación, ya que los protagonistas se dedicaban en sus aventuras a comportarse con zafiedad procedimental y a ofrecer acabados y resultados chuscos. Hoy -por ayer- el trazo y la genialidad del historietista barcelonés me han venido a la mente tras leer con gusto gran parte de las declaraciones surgidas en el proceso judicial contra la cúpula de Interior de la última legislatura de Rajoy, juicio conocido como Kitchen, y que trata de valorar uno de los episodios de ese sainete en el que se han convertido las peripecias de la llamada Policía patriótica al servicio de los intereses del entonces gobernante Partido Popular. Si lo que pretendieron el exministro del Interior Jorge Fernández Díaz y su número dos, Francisco Martínez, que son los principales encausados, era usar a las elites policiales del Estado para obtener un producto propio de una agencia fetén de inteligencia, me temo que les salió rana. Según parece, ni dieron con los profesionales adecuados ni estos lograron objetivos razonables. Y a las pruebas me remito: todos aquellos operativos están siendo juzgados en la Audiencia Nacional gracias a los rastros que dejaron. Que no fueron pocos ni muy bien ocultados.
La gota que colma
Clérigos acusados de abusos
Normativa. Hay instituciones que no se mueven a la velocidad del rayo. Supongo que será por el peso de la Historia, incompatible con cierta agilidad para enfrentarse a la realidad. La Iglesia española y sus órganos de gobierno están entre ellas. Los obispos españoles dan finalmente el paso para elaborar una norma para castigar a aquellos clérigos implicados en casos de abusos. La intención, desde luego, es muy bien recibida, y lo hubiese sido más aún si hubiera llegado en tiempo y forma, quizás, evitando décadas de mirar hacia otro lado y de no reconocer el daño provocado por quienes abusaron en el seno eclesial.
Ayer le tocaba el turno a la declaración de Luis Bárcenas, que compareció como perjudicado en la causa. Novedad en alguien ya juzgado por saltarse alguna que otra ley. Pero así fueron esos años de fiesta, algarabía y alegría en las cúpulas de quienes decían que gestionaban el bien común y en ciertas cloacas que, por lo visto, tenían hilo directo con las primeras. En fin, habrá que esperar que a lo que se enfrentan los magistrados sea parte de un pasado ante el que es mejor reír, porque si se reflexiona sobre ello, a lo mejor no se para de llorar.