Votar, siempre
QUIENES crecimos con mensajes en casa de la importancia de ir a votar, hoy sabemos que es más vital que nunca. Depositar la papeleta en la urna no es un mero ejercicio de domingo por la mañana y, después, vermú. Es elegir a quienes tienen que responsabilizarse (que no es baladí) de lo que nos afecta en el día a día. Euskadi no es ajena a lo que le sucede alrededor por mucho que nuestra calidad de vida haya llevado a articular mensajes de que somos una isla cuando defendemos que el autogobierno ha servido para que el día a día de la sociedad vasca sea mejor. Es verdad, tenemos problemas, como en todos los sitios. También es verdad. La pandemia ha dejado una huella en servicios como el sanitario que se deben atender (como ya se está haciendo) con prontitud. Pero que levante la mano quien, fuera de nuestras fronteras, ha pensado que como en casa en ningún sitio. Por eso es importante ir a votar. Porque tenemos la obligación de renovar unas instituciones que son las garantes de que eso nuestro funcione. Más, si hablamos de ayuntamientos que no son sino la letra pequeña, y a la vez grande, de la garantía de nuestro contrato social. Porque, pregunto, ¿no es en lo municipal donde encontramos refugio a los problemas que nos afectan más directamente? ¿No es el ayuntamiento a donde dirigimos la mirada cuando necesitamos atención de manera más directa? De hermana mediana, diríamos, ejercen las diputaciones, cuya labor merece, en muchas ocasiones, una inmerecida invisibilización dado que son las gestoras de nuestra economía y otras muchas tareas: el campo, medio ambiente, políticas demográficas, residencias de mayores. Casi nada. Así que quienes crecimos con mensajes en casa de la importancia de ir a votar hoy sabemos que es más vital que nunca. Más cuando vemos que, en esta ocasión, Euskadi afronta dos campañas, la de los paracaidistas y la de aquellos que saben que el label vasco es seña de identidad irrenunciable. Votar es importante. La cita, el 28 de mayo.
