EL público de San Mamés la tiene tomada con Mateu Lahoz. Creo que es porque el estilo de arbitraje del valenciano difiere en muchos aspectos con el de sus compañeros. Pero si analizamos en su conjunto la labor de anoche, considero que actuó igual para los dos equipos. A mi entender, hizo un arbitraje acorde con las circunstancias del encuentro. En el minuto 13, el gol de Iker Muniain es legal, ya que Raúl García no hace falta al defensa del Deportivo en el salto previo. Pasada la media hora de juego, Aduriz, en carrera, cuando siente la mano de Arribas, que no le agarra, se deja caer. El deportivista le pone la mano en la cintura al delantero donostiarra, pero no hay nada punible. El público protestó, lo mismo que Aduriz, que venía ya caliente por haber visto una tarjeta amarilla. En el minuto 36, en el segundo gol del conjunto rojiblanco, no existe fuera de juego de Susaeta cuando recibe en profundidad, ni cuando el de Eibar sirve en bandeja el balón a Aduriz. El esférico está por delante. En la segunda parte, cuando el equipo gallego recortó distancias en el marcador, no existe fuera de juego de Lucas Pérez, ya que Lekue, en la otra banda, le habilita. Mateu Lahoz es un árbitro que agiliza el juego todo lo que puede y que suele gustar a los jugadores por su talante dialogante, aunque en ocasiones habla demasiado con los jugadores. Por lo que parece, en La Catedral sigue sin gustar.
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