La falta de respeto democrático y de normalidad política es tan real en el Estado español como los continuos exabruptos que lanzan los y las políticas españolas. Las próximas elecciones generales ya marcan el ritmo del despropósito político español y por eso han aumentado sus ataques a la realidad jurídico-política vasca. Juegan un partido en España y para España; nada les importa, por lo tanto, las consecuencias que sin duda tendrá su ultracentralismo en las relaciones con Catalunya o Euskadi y, por ende, en la convivencia general.

PP y PSOE sacan pecho en esa pelea electoral. Esta vez el PSOE se ha adelantado en el marcador contra las nacionalidades y, una vez más, utilizan al pueblo vasco para defender sus intereses partidarios. Se les da bien eso de cuestionar nuestros Derechos Históricos con las baladronadas falsas de siempre: frente a su exigencia de solidaridad queda claro que pagamos más de lo que nos corresponde y contra lo que llaman privilegios defendemos nuestros fueros y derechos, anteriores a muchas de las realidades políticas actuales, porque demuestran nuestra soberanía originaria.

Sánchez (se juega su liderazgo en un partido a la baja en las últimas contiendas electorales), la bravía Díaz (aspirante sin duda contra el primero) o Iceta (para esconder su fracaso en las recientes elecciones catalanas) han unido sus voces contra el Concierto Económico en una campaña orquestada y nada inocente. También la señora Mendia se ha dejado oír en este lío para contarnos que con Sánchez en La Moncloa nos iría mejor (atención, el mismo que apuesta por “modificarlo”) o exigiendo al PNV que desarrolle las competencias (¿las que faltan?).

Y aunque me esfuerzo en entender su argumentario me resulta imposible aceptar que nos digan, precisamente desde Andalucía, que vivimos de los españolitos, obviando sus tantísimos episodios de corrupción o los PER (20 jornadas trabajando para cobrar 6 meses de subsidio), por poner dos ejemplos de solidaridad del resto.

El Estatuto de 1979 y el Amejoramiento en menor medida han demostrado nuestra capacidad de organización y respuesta a las necesidades de la ciudadanía pero eso no obsta para que exijamos lo nuestro. Los derechos son para ejercerlos; los queremos para estar mejor, para que nuestras hijas e hijos y sus hijas e hijos vivan, trabajen y sean felices aquí, en nuestro país. Por eso es ineludible hacer que se respeten los derechos de la nación vasca. Si los perdemos será para siempre.

Es imposible acostumbrarse a esa carencia de perspectiva democrática española pero es más difícil aún aceptar permanecer junto a una gente que no nos quiere y para quienes somos una fuente perpetua de sospechas. Quizás estén pensando en rematar nuestros Derechos Históricos pero una cosa es segura: como toquen el Cupo, el Concierto y el Convenio navarro, provocarán una ruptura sin vuelta atrás con consecuencias imprevisibles. Si creían que tenían un problema en Catalunya no se hacen ni idea de lo que podría llegar a ser en el caso del pueblo vasco.