UNO de los grandes de las letras, Jorge Luis Borges, abrió las ventanas de par en par para que viésemos la realidad en carne viva. Quizá haya enemigos de mis opiniones, dijo. Pero yo mismo, si espero un rato, puedo ser también enemigo de mis opiniones. He ahí un ejemplo de la inteligencia en estado puro, una forma de cuestionarse que, en realidad, no hay una verdad verdadera, no existe una razón única como dirían los filósofos.
Es curioso oír buena parte de los mensajes de esta campaña electoral: se libran contra el enemigo, como si tratase de imponerse sobre el rival antes que de convencer al votante. Me temo, si me detengo unos minutos a pensarlo, que no ando demasiado descaminado con esta idea. Se busca la victoria a la contra, como los equipos de fútbol pobres de espíritu buscan un gol a la remanguillé.
Para todos aquellos que prestan su nombre a las listas electorales hay un rival, un enemigo que milita en otra. Se diría que se disputa una Champions League de las urnas, más preocupados por marcarle un gol al rival que por dar espectáculo al pueblo. Preocupa, sobre todo, hasta dónde puede penetrar el enemigo en sus filas antes de que hasta dónde puede alcanzar uno el corazón de los hombres. No hay duda ninguna, las elecciones que se avecinan (y las que vinieron o las que vendrán...) no son solo una exposición de ideas y planes ante la ciudadanía, sino el derribo de otras murallas. Se hace política, insisto, a la contra cuando debiera hacerse a favor de la gente. Será que son esas las reglas del juego y uno no es más que un simple ignorante...
Se miden estos días a los amigos por sus adhesiones, como si pensar de idéntica manera fuese condición sine qua non para mantener la vieja amistad. No es gratificante quedarse con esa sensación de que las cosas importantes de la vida en cercanía se juegan en una urna, en una jornada electoral que ya se vislumbra en el horizonte. Ya intuyo -o al menos quiero imaginarlo así...- que dos personas de contrarios pareceres no van a enemistarse para toda la vida pero oyéndoles hoy prende esa sensación en el aire.