Buenos tiempos
últimamente me viene a la cabeza la canción de Serrat que da título a estas líneas, pues parece que corren buenos tiempos para quienes la trampa y el engaño son herramientas habituales contra el bienestar de la mayoría y utilizan todos los mecanismos del estado de derecho, precisamente, para desprestigiarlo y deshacerlo. "Tiempos fabulosos para sacar tajada de desastres consentidos y catástrofes provocadas", decía el cantautor catalán.
Andan los tiempos revueltos y no parece que vayan a mejorar en breve plazo (al menos en lo económico). Los ajustes, como llaman eufemísticamente a los recortes, sobre todo sociales, son la noticia diaria; tanto que han llegado a neutralizarnos el cerebro y ni siquiera nos quejamos ni exigimos responsabilidades a los brahmanes que, como si de predestinación y castas se tratara, se están cargando nuestros derechos (suave, suave) hasta que aceptemos lo ya inevitable.
Porque su objetivo es desmontar lo conseguido y retrotraernos a los tiempos del capitalismo feroz de los barracones de la zona minera o de Oliver Twist, como prefieran ustedes. Esta misma semana el presidente de la patronal estatal cuestionaba ya la existencia de la prestación por desempleo. Lo malo es que no se van a quedar ahí. Maiores viderimus, de eso no hay duda.
Precisamente por ello los valores éticos en la política se hacen más necesarios que nunca y debería importarnos mucho lo que está bien y mal en el diseño y en la gestión de lo público, y también en lo privado. En Euskadi debemos añadir un plus, pues se mantienen artificialmente muchos intereses para que los discursos sigan mediatizados por la violencia; aunque las detenciones de militantes de ETA, que parecen acordadas y nada casuales, nos dan pistas de que eso ya se ha acabado. En cualquier caso, el respeto y resarcimiento a todas las víctimas y la necesaria petición de perdón son cita ineludible en los próximos tiempos.
Responsabilidad para cumplir lo prometido, respeto a los derechos innatos a las personas, lealtad en la búsqueda de objetivos, sinceridad y coherencia, solidaridad, justicia, tolerancia, honestidad actuando con verdad y justicia; palabras con significado potente, es verdad, pero necesarias para hacer frente al todo vale inmoral que parece quieren instalar en la política estatal los mismos que intentan echar abajo la democracia.
En Euskadi, por si acaso, a lo nuestro, ya que dentro de muy poco tendremos elecciones. Y para superar los malos tiempos necesitamos liderazgo que, hablando claro, sepa actuar con seriedad en esta coyuntura de crisis e ir afianzando un futuro de independencia. Por eso me alegró y animó a leer las palabras de Urkullu, seguramente el próximo lehendakari, que el jueves defendió en su proclamación como candidato, un modelo vasco propio basado en los valores de solidaridad, dignidad, trabajo y esfuerzo para el desarrollo de nuestro pueblo y el bien común.