La segunda consulta electoral en la historia del Kosovo democrático, celebrada el pasado domingo, ha dejado la situación política del país tal como estaba…, pero un poquito peor.

Los resultados oficiales no se habían publicado todavía al escribir esta crónica, pero en líneas generales está clara la victoria del Partido Democrático (PDK) del actual jefe de Gobierno -Hashim Thaçi-, con una ventaja del 5% o 6% sobre la Liga Democrática (LDK) de Isa Mustafa (alcalde de Prístina), y aliado suyo en el Gobierno saliente. Tampoco se sabe exactamente cuán grande fue el fraude electoral aunque sí consta que hubo fraude -y del basto- en varios distritos: participación allá cercana al 100% del censo, papeletas de personas fallecidas, etc... Es muy posible que en estos distritos se tenga que repetir la consulta electoral sin que ello vaya a cambiar mayormente el escrutinio.

Lo malo del nuevo panorama políticokosovar es que PDK y LDK no quieren seguir gobernando al alimón (aunque es posible que cambien de idea en el último momento); que ninguna agrupación política tenga un programa plausible de promoción económica (el PIB actual no llega a los 2.000 euros por habitante; el nivel de vida es inferior al que imperaba ante de la guerra de Milosevic); y que la mayoría de los políticos sueñen con ayudas financieras del exterior para resolver todos los problemas. Peor aún, el grueso de la campaña electoral no puso el acento en el esfuerzo del país para salir adelante, sino en el victimismo de que la Unión Europea exija a los kosovares un visado para cruzar la frontera.

Hasta la fuerza emergente (tras PDK y LDK) de estos comicios -Vetevendosje (autonomía), que dirige Albin Kurti, de 36 años- se desentiende de los problemas reales e inmediatos del país para decir a los cuatro vientos que su meta es la unificación del país con Albania… cosa que la misma Albania ni ha dicho ni ha dejado entender hasta ahora.

Se puede decir que lo más inquietante del panorama político kosovar actual es este anclaje en el pasado y el odio, en detrimento de los esfuerzos positivos para salir adelante económicamente por sus propios medios y ganarse la estima de la Unión Europea, incluidos los cinco Estados que se niegan todavía a reconocerle como país independiente (Chipre, España, Grecia, Rumania y Eslovaquia). La corrupción administrativa es un problema menor, tanto por ser endémico en los Balcanes como por ser "asumible" para todos los programas de ayuda exterior o planes de industrialización.

Pese a este anclaje en el pasado y al protagonismo político que tienen hoy en día muchos de los dirigentes de la guerrilla anti-serbia, empezando por Thaçi y Kurti, -un protagonismo que dificulta la convivencia-, estas elecciones últimas han aportado también un elemento positivo, esperanzador. Y es que la participación electoral superó la del 2007 porque bastantes distritos norteños, de la parte de etnia serbia, han participado en los comicios, desoyendo el llamamiento de los serbo-kosovares a ultranza a boicotear la consulta. Si el país comienza a superar el mayor de sus problemas -el enfrentamiento racial-, las otras dificultades podrán resolverse muy pronto.